- Está visto que él quiere seguir gobernando con el respaldo de los que le llaman «hijo de puta». No hemos oído una dura crítica de la portavoz del Gobierno, ni Patxi López ha salido a mostrar su contrariedad, ni Gracita Bolaños ha denunciado que esto pueda ocurrir
El pasado lunes vivimos un día verdaderamente notable para la historia de la ignominia de Pedro Sánchez hacia su propia persona. Y ni siquiera estoy seguro de que el sustantivo «ignominia» refleje con suficiente dureza lo que está sucediendo. Pero es que creo que ninguno de los diecinueve sinónimos que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española alcanza a reflejar lo sucedido. El DRAE enumera como términos semejantes «afrenta, vergüenza, deshonor, ofensa, oprobio, agravio, injuria, denuesto, ultraje, baldón, deshonra, infamia, insulto, bajeza, descrédito, vilipendio, denostación, zaherimiento, jugada.» Nada de todo eso está a la altura.
Como bien se ha contado en El Debate, el pasado lunes, unos minutos antes del chupinazo a las 12 del mediodía, la masa que ocupaba la plaza del Ayuntamiento de Pamplona empezó, no ya a gritar, sino a corear festivamente «¡Pedro Sánchez!, ¡hijo de puta!» una y otra vez. ¿Por qué resalto esto? Hace muchos años que el chupinazo de San Fermín está controlado por los independentistas vascos. Incluso cuando Pamplona tenía alcaldes de UPN. La violencia con la que llevan décadas secuestrando las fiestas hace que muchos rechacen participar en ellas.
No es que ese ambiente me divierta mucho. Pero de los cinco años de mis estudios universitario en Pamplona, en cuatro tuve un piso compartido con otros estudiantes. La dueña nos obligaba a pagarle el alquiler también en verano y eso representaba la ocasión perfecta para ir a las fiestas. Entonces ya empezaba la politización y yo no quise ir. Creo que varios de esos años lo alquilamos a amigos de uno u otro de nosotros, los inquilinos titulares. Por supuesto que esa politización nunca llegó a los extremos que se vive hoy en día.
Lo que se vivió el lunes me parece especialmente relevante porque eso ha ocurrido en una ciudad que tienen un alcalde independentista vasco por la gracia de Pedro Sánchez. Sí, los batasunos no ganaron las elecciones en Pamplona. Las ganó UPN. Y los amigos de ETA dieron a Sánchez la Presidencia del Gobierno a cambio de colocar a los suyos en el Ayuntamiento de Pamplona.
Sánchez debe tener muy baja opinión de su madre. Porque está visto que él quiere seguir gobernando con el respaldo de los que le llaman «hijo de puta». No hemos oído una dura crítica de la portavoz del Gobierno, ni Patxi López ha salido a mostrar su contrariedad, ni Gracita Bolaños ha denunciado que esto pueda ocurrir. Si los batasunos de todas las edades llaman puta a tu madre, tú te callas y sonríes. Y Sánchez y su entorno tienen un conocimiento exhaustivo del mundo de las putas. Con perdón.
Añadamos a esto otro dato muy relevante. Este año ha estado invitado al chupinazo el presidente del Gobierno vaso, Imanol Pradales, que ha hablado de los sanfermines como la fiesta vasca más universal. Todo eso va haciendo mella y el objetivo de la anexión de Navarra al País Vasco cada vez está un poquito más cerca. No sé ustedes, pero yo no tengo ninguna duda de que, si Sánchez pudiera gobernar en la próxima legislatura contando con el apoyo de las diferentes familias del independentismo vasco, estaría dispuesto a buscar una fórmula para pagar ese apoyo integrando a Navarra en el País Vasco. Porque lo único importante es él. A los navarros les pueden ir dando.