Irene González-Vozpópuli

  • ¿Quién usaría las Escrituras para manipular políticamente a los cristianos en la aceptación de su propia desaparición?

El viaje del Papa de Canarias a Lampedusa no ha dejado ningún margen a la duda de cuál es la obsesión y la prioridad del Vaticano, blanquear y fomentar la inmigración masiva que está destruyendo Europa. Y con ese fin, se construye una moral sin base en la razón ni la verdad, para que abracemos nuestra desaparición como civilización, de nuestra identidad. Pero lo peor de todo no es la traición y el abandono de una Iglesia a su pueblo, Europa, sino la manipulación de las Escrituras con fines políticos como sucede de forma recurrente con la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25) para fomentar la inmigración masiva desde el Papa Francisco.

Fue el Evangelio escogido por León XIV para celebrar la Misa en Lampedusa como eje del discurso político que dio utilizando la Homilía. Sus palabras no pueden ser ignoradas, en la cuestión existencial de nuestro tiempo ha abandonado la ambivalencia mostrada en su Pontificado. Del hay un derecho a no emigrar, a proclamar que los europeos, para ser un buen samaritano, tenemos la doble obligación y la doble responsabilidad “de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes que lleguen y, al mismo tiempo, trabajar por el desarrollo de sus países de origen, para que nadie se vea obligado a emigrar. Todo esto velando por el respeto de la dignidad del inmigrante”. Más que una petición delirante al europeo de menos de 45 años al que han arrebatado su futuro y será un trabajador pobre toda la vida sin acceso a vivienda, a formar una familia, a la seguridad en su barrio o servicios de calidad (a causa principalmente de la inmigración masiva) suena a un clavo definitivo en el ataúd de nuestro futuro, de una vida de angustia que nadie escucha, que a nadie le importa, que solo puede empeorar si continua la invasión migratoria.

Desorden de las fronteras abiertas

“Nadie está exento de responsabilidad”, salvo el inmigrante que ha tomado la decisión de venir o de subirse a un cayuco, ése no tiene ninguna. No es moral exigir al europeo que se responsabilice de las decisiones que toman los inmigrantes al venir aquí cuando los países en vías de desarrollo suponen más del 80% de la población mundial. ¿No incentiva eso un éxodo masivo y perpetuo del resto del mundo a Europa? Interesa a alguien que haya muertos en el mar para fabricar una culpa contra el inocente, el europeo que trabaja para no tener nada, salvo miedo a ser asaltado en su barrio. ¿Qué realidad se está creando en Europa? Cuando todo el mundo entiende que el desorden de las fronteras abiertas causa desesperación, pobreza y desarraigo, y que la inmigración ilegal marítima trae a los peores criminales de África, la iglesia católica sale a abrir la “Puerta de Europa” a África, y que una clase trabajadora empobrecida y apaleada lo pague.

La primera manipulación de la parábola del Buen Samaritano es la traslación de los papeles. Siempre identifican al inmigrante en Europa con el judío apaleado (miembro del mismo pueblo de Jesús en el AT), asaltado por unos bandidos queda medio muerto en el camino de vuelta a su casa (vuelve a Jericó). Ante este suceso un sacerdote y un Levita, que representan la religiosidad y la Ley, pasan de largo, pero un samaritano, (que identifican con el pueblo nativo de Europa), enemigo del judío, le atiende, le lleva a una posada a que se cure y paga su estancia hasta que se recupere de las heridas. La realidad en la parábola del Buen Samaritano es que el europeo es el apaleado y despojado de sus pertenencias por los inmigrantes, que son los bandidos que salen impunes. La realidad es peor que la parábola. Tanto la iglesia como el Estado no solo pasan de largo ante nuestro sufrimiento, (somos su pueblo), sino que han abierto las puertas a los bandidos. El Papa no ha mostrado dolor ante las 250.000 niñas violadas por pakistaníes en Reino Unido o ante ninguno de los asesinatos en Francia o resto de Europa cometidos por inmigrantes contra europeos o sacerdotes.

Es Europa quien yace medio muerta, y mientras un europeo está expoliado y herido en el suelo, la policía (Levita) nos puede detener si somos acusados de racismo, como pasó con Henry Nowak; y la iglesia (el sacerdote) vendrá a pedir que integremos a los bandidos dándoles lo que tenemos porque “la diversidad es la civilización del amor”. No queda nadie que sea el Buen Samaritano con nosotros, con el pueblo de las naciones de Europa que no se resigna a morir sin su identidad. No queda nadie que nos escuche en nuestra agonía, dolor y empobrecimiento tirados en el suelo de nuestra propia casa que es la patria. La mejor política para la paz y la prosperidad son las fronteras férreas.

El apaleado mató al samaritano

El Santo Padre dijo “hay que pasar de una mera gestión de las emergencias a la elaboración de políticas orgánicas y compartidas”. Pero aun aceptando la manipulación y el cambio de roles en la parábola, el Samaritano atiende al apaleado en una situación puntual de emergencia, no se lo lleva a su casa con su mujer e hijas, ni le da una paga, ni la vivienda que no le da sus propios hijos, ni trajo por reagrupación a la familia numerosa del apaleado, sino que se lo lleva un posada en el camino de forma temporal hasta que se recupere de las heridas. Ni el apaleado mató al samaritano al recuperarse, como hizo el africano de Ruanda que entró por Lampedusa, quemó la catedral de Nantes en 2020 y asesinó después al sacerdote que lo acogió.

Otro detalle no menor es que el Buen Samaritano pone dinero de su bolsillo para ayudar en una emergencia a una persona, no monta una ONG con el dinero de otros donde se enriquece en esa labor creando una industria que vive del tráfico de seres humanos. Y por supuesto el judío apaleado no queda herido en un intento de asaltar la casa del samaritano por los que le han llevado hasta allí. No es uno, ahora son “Legión”. No hay mayoría hombres en edad militar con pasado bélico que asaltan Samaria y un samaritano lo mete en las casas de los pobres para que los sufran las hijas de otros. No sería el buen samaritano, sino el traidor y malvado de la historia.

La manipulación de la parábola del Buen Samaritano para que nos sintamos obligados a contribuir a nuestra propia destrucción es maldad, traición, mentira y cobardía y nada de eso es de Dios. Es necesario preguntarnos como católicos, ¿quién usaría las Escrituras para manipular políticamente a los cristianos en la aceptación de su propia desaparición, de la civilización de la Cruz? ¿Quién sería tan inteligente para revestirlo de bien y engañar a los hombres buenos para que triunfe el Mal?