Editorial-El Correo

  • La dana que golpea el Mediterráneo confirma la importancia de la acción coordinada entre administraciones y la gestión del riesgo ante la crisis climática

Las lluvias torrenciales que barren el Mediterráneo con inundaciones de un potencial devastador, especialmente en Valencia y Alicante, han puesto de manifiesto la importancia de la prevención como seguro de vida. Para miles de personas, la pesadilla regresó a sus pueblos y ciudades envuelta en trombas de agua, toneladas de barro y la angustia de verse arrastradas por una nueva catástrofe como la de hace justo ahora dos años. En cuestión de horas, la dana reactivó el trauma en un territorio desbordado por estos fenómenos, claros exponentes de la crisis climática, y puso a prueba la capacidad de las administraciones para actuar de forma conjunta ante una emergencia de esta naturaleza.

La Depresión Aislada en Niveles Altos, antes conocida como gota gría, había dejado al cierre de esta edición cuatro vecinos fallecidos -uno en Barcelona, otro en Sagunto y dos en Oliva- y unas estremecedoras imágenes que ilustran su capacidad destructiva: rescates al límite en helicópteros y lanchas, supervivientes sobre los tejados a la espera de ayuda y agónicos avisos oficiales a no salir de casa o, incluso, cobrar altura para evitar los temibles efectos de la riada dentro del hogar. En esta ocasión, la imprescindible coordinación entre instituciones en labores de alerta temprana y atención a víctimas permitió contener los efectos de una tormenta que obligó a confinar a casi un millón de personas, en un reguero de actuaciones -2.000 desalojados y más de 1.200 incidencias-. Prevención, alerta y acción coordinada se han demostrado vitales para proteger a la población y aplacar las consecuencias de ‘Adam’, el último ejemplo de cómo los fenómenos meteorológicos extremos exigen respuestas públicas a la altura del embate.

Por precaución, se suspendieron la actividad económica, las clases escolares y el transporte, mientras la Generalitat valenciana activaba con antelación el sistema ES-Alert en una notificación masiva a poblaciones en peligro. No solo ha quedado demostrada la importancia de los protocolos. También la reacción responsable de la ciudadanía tras el aviso. Es comprensible que miles de vecinos recordasen con temor el impacto de la dana de 2024. Si alguna lección dejó aquella terrible experiencia -que segó la vida de más de 200 personas y acabó con la presidencia de Carlos Mazón-, es que la única forma de afrontar una crisis de esa magnitud pasa por la máxima colaboración entre instituciones diferentes, bajo un liderazgo riguroso y una gestión eficaz. Sin personalismos ni cálculos políticos.