Álvaro Martínez-ABC
- Si es grave poner a los españoles por delante de los extranjeros regularizados, cómo no será el tamaño de la desigualdad entre los españoles
Hace falta tener cuajo para pedir las sales, cual marquesa ofendida a punto de soponcio, por la «prioridad nacional» alcanzada en los acuerdos PP con Vox en Extremadura y Aragón después de llevar dos legislaturas privilegiando el trato a Cataluña y al País Vasco, repartiendo competencias del Estado a troche y moche sólo a ambas comunidades pues en el frontispicio del muro del sanchismo está grabado la «prioridad nacionalista», que supone la rosa de los vientos que guía toda su caótica singladura política y, lo que es peor o más injusto, la de los españoles. Cómo no será la cosa que anteayer se le ‘escapó’ en el Congreso eso de los dos países respecto a España y Cataluña, disociándolos política y administrativamente con tal de que Nogueras (la encargada que el prófugo Puigdemont en «Madrit») no le pida que disuelva la legislatura.
Hace falta, decimos, tener la cara de cemento armado para montar un funeral de los derechos humanos aquí o el apocalipsis del Estado de derecho en España después de haber singularizado un trato preferencial, de alfombra roja y barra más o menos libre, para vascos y catalanes respecto al resto de los españoles que, pobrecitos, han de asumir y padecer esa «prioridad nacionalista» o separatista, que de todo hay el Frankenstein II que montó Sánchez para no salir de La Moncloa después de haber perdido las últimas generales. La lista de ejemplos y desigualdades entre españoles es tan larga como deprimente. Acudamos a los dos último: la gestión de puertos y aeropuertos para Cataluña (que tiene bastante que ver con el concepto de frontera y las trazas de un quimérico Estado soberano) o de las competencias penitenciarias para el País Vasco, con el resultado conocido en las excarcelaciones prematuras de asesinos en serie, como Anboto o Carasatorre u otros pistoleros. Los etarras suponen un 8 por ciento de la población reclusa en las cárceles vascas, pero acumulan el 60 por ciento de las excarcelaciones aplicadas por el artículo 100.2.
Todo el ‘procés’ separatista surgió de la exigencia de Artur Mas de un cupo catalán tras tener que entrar en helicóptero al Parlament para superar la barricada iracunda al estilo de los miserables. Rajoy no se lo dio y Sánchez parece dispuesto a ello, con Hacienda propia y todos sus avíos. Perdonar la multimillonaria deuda catalana, la ley de amnistía para aquellos golpistas de octubre o hasta la competencia en la gestión de las becas y el resto de las ayudas del Estado en materia de educación, que hasta entonces tenía en exclusiva el País Vasco. Paga España, pero lo administra Illa o Pradales ¿No suponen estos ejemplos una «prioridad nacionalista»? Si es grave poner a los españoles por delante de los extranjeros regularizados, cómo no será el tamaño de la desigualdad entre los españoles.