ALBERTO AYALA-El CORREO

  • Pedro Sánchez se ha vanagloriado del supuesto éxito de la cogobernanza, en realidad un evidente fracaso

Sánchez quería marcharse de vacaciones vendiendo éxitos y optimismo a cualquier precio, y lo ha hecho. Ha sacado pecho por la excelente marcha de la vacunación, de lo que en gran parte son responsables las comunidades autónomas. Ha anunciado 3,4 millones de dosis extra. Se ha vanagloriado del supuesto éxito de la cogobernanza, en realidad un evidente fracaso. Y el viernes conseguía que en la foto de la cumbre de presidentes estuvieran todos menos Aragonès, incluido Urkullu, tras pasar de nuevo por caja.

Casado se encargaba de vender la otra cara de la moneda. De la oposición se espera que ponga el acento en las carencias y los errores de quienes nos gobiernan. Pero la crítica pierde credibilidad cuando se es incapaz de reconocer aciertos evidentes como el de la vacunación o la recuperación de empleo. No digamos ya si los tribunales te deparan otro regalito envenenado en forma de procesamiento del ex ministro del Interior Jorge Fernández Díaz por usar los aparatos del Estado y fondos reservados para espiar a Bárcenas y evitar que aportara pruebas de la financiación irregular del PP. Aunque María Dolores de Cospedal haya logrado esquivar el banquillo.

Pero ni autobombos ni estrategias de imagen de Moncloa evitan que el futuro del Gobierno Sánchez siga pendiendo de unos cuantos hilos. Los que sujetan Unidas Podemos, el independentismo catalán, el nacionalismo vasco y las pequeñas formaciones de izquierdas.

El presidente está convencido de que la formación morada difícilmente romperá aunque desoiga muchas de sus demandas porque no le convienen aún unas elecciones anticipadas. Y otro tanto piensa respecto del independentismo catalán o del PNV, a los que cree que les iría peor con Casado.

Puede que sí, o que no. Por si acaso, Sánchez prefiere ir dando algún caramelo a sus socios. Así la rotunda negativa de la vicepresidenta Calviño a subir este año el salario mínimo -muy aplaudida por los empresarios y la opinión publicada liberal conservadora- ya no es tal y la cifra se determinará en septiembre.

¿No les suena extraño que Fernández Díaz hiciera lo que parece que hizo sin que Rajoy lo supiera?

Veremos qué facturas giran los nacionalistas a Sánchez, sobre todo los catalanes, y cuál la contraoferta. El PNV no se pierde detalle por si toca poner el platillo. Mientras, se ‘conforma’ con un ventajoso pacto fiscal y la ampliación del déficit vasco para el próximo año cerrados esta semana.

¿Y Casado? Él sigue fiándolo todo a que la coalición de izquierdas salte por los aires. O, de no ser así, a que el desgaste del Gabinete Sánchez le acabe abriendo las puertas de La Moncloa tras las próximas elecciones. Aunque sea con Vox, como predicen las encuestas, lo que condiciona su día a día y le impide ir abriendo espacios de entendimiento por ejemplo con el PNV.

El líder conservador dice creer que las numerosas investigaciones judiciales por corrupción contra su partido no le supondrán un coste electoral. Es posible, pero no parece cualquier cosa que un juez procese a todo un ex ministro del Interior como Fernández Díaz y a su equipo por usar los aparatos del Estado para evitar que Bárcenas tire de la manta con pruebas sobre la financiación irregular del PP.

Cospedal se ha librado del banquillo por la debilidad de los indicios contra ella. Pero, ¿no les suena extraño que el exministro hiciera lo que parece que hizo sin que Rajoy y otros superiores lo supieran? Vamos, como ocurrió en su día con Felipe González y los GAL.