Miquel Giménez-Vozpópuli

No existe sensación más agradable que volver de vacaciones y comprobar que todo sigue igual. Somos animales de costumbre, bueno, algunos quizá sean tan solo animales pero eso sería otra discusión. Y amamos el orden, lo conocido, lo habitual. Por eso quisiera agradecer de todo corazón los esfuerzos de quienes hacen posible que volver a la rutina sea transitar hacia lo de siempre. Gracias, Sánchez, por seguir siendo el líder del Frankenstein, el político capaz de trocear la soberanía nacional entregándose a bilduetarras y separatas. Lo mínimo que puede decirse de su persona es que nunca defrauda, véase el nombramiento de Francina Armengol como presidenta de la Cámara Baja. Servidor hubiera ido un poco más lejos. ¿Por qué no Ábalos, Mónica Oltra o Chaves? Ya comprendo que es usted social demócrata pero si fuera menester para su permanencia en Moncloa, sepa que lo entenderé. A ver quién deja un Falcon por un utilitario.

Gracias, señor Feijóo, que ha conseguido cargarse él solito la esperanza que generaron los resultados de las pasadas municipales y autonómicas. Parece que fue hace siglos, ¿no? Pues ya ven, ahí tienen a un PP que anda como vaca sin cencerro buscando una centralidad que nadie busca porque lo que aquí se ventila es algo más que un nebuloso concepto político muy entretenido para los juegos de salón demoscópicos pero más inútil que un bombero pirómano frente a los problemas que tenemos los españoles. Gracias, Alberto, ha conseguido situarse en el mismo punto en el que estaba Casado cuando decidió entrar a por uvas con salero y cargarse vilmente a Ayuso. Usted, más listo, no le ha rozado un pelo a la líder natural del centro derecha pero no deja de ser tremendo que cuando habla usted mueran diez unicornios y cuando habla la lideresa madrileña el personal estalle en aplausos. Gracias, rey del sentidiño, por tocar la lira mientras el andamiaje constitucional salta por los aires. Es muy de agradecer que pudiendo haberlo cambiado todo se esfuerce en que no haya una sola variante en este páramo árido que llamamos – por poco tiempo, me temo – España.

Y miles de gracias a Puigdemont y su orquesta de damnificados que solicitan amnistía para eludir, ya no sus delitos como golpistas, sino que, además, ahora incluyen a condenados por delitos comunes como Laura Borrás en sus peticiones. Gracias por estar a matar entre vosotros: la mitad de Junts contra la otra mitad, los de Esquerra que son de Junqueras y los que son de Aragonés, la Asamblea Nacional Catalana contra todos y Pilar Rahola contra las prohibiciones que obligan a no superar un número determinado de decibelios cuando se habla.

Es lo de siempre: componendas, supervivencias personales, cainismo político, desprecio a los intereses generales y una falta de interés y movilización por parte de la gente abrumadoramente mayoritaria, desoladora, desesperante. Porque si ellos hacen lo que hacen es porque nosotros hacemos lo que hacemos. Que a nadie le quepa la menor duda. Los Sánchez no aparecen por arte de magia ni se ponen de acuerdo con la delincuencia por misteriosas fórmulas mágicas. Están ahí porque hay quien les vota, porque aquí todavía nos regimos por malvivir con tal de que no gobierne la derecha, porque la gente traga con todo lo que le echen y porque, seamos sinceros, quienes deberían plantar cara a este ejército de Pancho Villa que es el sanchismo son más tontos que Abundio. O algo peor.

Sea como fuere, aquí estamos de nuevo. Bien hallados sean todos ustedes.