Los cateados

EL MUNDO 16/03/13
ARCADI ESPADA

Querido J:
Unos 1.300 profesores de Kaduna (Nigeria), de los 1.599 que fueron sometidos a unas pruebas de control de conocimiento, suspendieron en pruebas de Matemáticas y lenguas básicas de un nivel equiparable a alumnos de Primaria. En Queensland (Australia) casi la mitad de los aspirantes a maestros de escuela falló partes de una prueba que incluía preguntas de Lengua y Matemáticas que un niño de siete años debe poder responder. En Bihar (India), unos 8.000 profesores de escuela primaria fueron incapaces de responder a preguntas sencillas de Ciencias, Matemáticas, Inglés y Lengua. En 2011, en la Comunidad Autónoma de Madrid (España), 14.110 aspirantes se presentaron a unas oposiciones para lograr una plaza de maestro. Sólo aprobaron 1.913 personas, un 14%.
De las pruebas de Madrid tenemos algunos detalles. Un 84% de los opositores no supo reconocer correctamente en la oración un adverbio (mucho), una preposición (durante), una conjunción (pero), un artículo contracto (del) y dos pronombres (que, me). Un 66% no supo ordenar de mayor a menor números presentados en forma decimal o de fracciones. Y un 69% no supo colocar en un mapa con división provincial las regiones autónomas españolas. Hay muchos más detalles aritméticos, lingüísticos, geográficos, etcétera. Pero te bastará con ésos. Luego hay una multitud de anécdotas. El que dice que disertar es irse por las ramas, una respuesta que tiene la dimensión de un tanque de revelado. El que dice que Ciudad Real es una provincia andaluza. El que dice que el Ebro pasa por Madrid. El que dice que la gallina es un mamífero. Y las gordísimas faltas de ortografía de algunos ejercicios. Pero se trata de anécdotas que hay que dividir por 14.000.
El escándalo memorable es otro, a mi juicio. Se ve al trasluz en la defensiva y airada respuesta de los sindicatos que han contraatacado con memeces y conspiraciones (as usual) ante la estupenda iniciativa de transparencia (sí, eso que les gusta tanto exigir para los poderosos, pero que debería regir para todos) del Departamento de Educación de la Comunidad de Madrid. El escándalo es que 12.197 maestros han suspendido una prueba cuya exigencia de conocimiento no supera el de 1º de ESO. Una prueba que, en realidad, es parte de un proceso de selección para lograr plaza de maestro en la Comunidad de Madrid, al que después se añadirán otras evaluaciones como las de la experiencia. Entre los errores es preciso separar aquéllos que son, por así decirlo, estructurales de los meramente circunstanciales. No es lo mismo ser incapaz de reconocer un pronombre personal en una oración que ignorar que el Ebro pasa por Palencia. (By the way: la prueba introduce aquí una excepción llamativa desde el punto de vista lógico que también informa sobre la calidad de los examinadores: después de pedir la relación de provincias ribereñas del Ebro, el examinador escribe: «No obstante, podrán no penalizarse las respuestas que no incluyan la provincia de Palencia como ribereña del río Ebro.» Es puramente extraordinaria la discrecionalidad de la penalización y el hecho de que Palencia no se incluya por ser ribereña sólo en tres kilómetros: ¡como si Palencia pudiera estar un poquito embarazada de su Ebro!). Sin embargo, esa distinción entre estructural y circunstancial tiene sentido para los ciudadanos no implicados, pero lo pierde en el caso del opositor.
El opositor es un hombre que busca trabajo. Un hombre que busca trabajo en un país que tiene casi seis millones de parados. Recordemos, 12.197 maestros, un 86%, han suspendido la prueba. Muchos de los que se han presentado tienen trabajo. Es decir, ejercen como maestros, en alguna forma u otra de interinidad. Es muy preocupante, desde luego, que personas que están formando a niños tengan un nivel de conocimientos inferior al que deben exigir a los niños que tratan de formar. Pero aún más grave y meditable me parece la actitud del que busca trabajo.
España tiene un problema descomunal con el trabajo. Endémico. Cualquier análisis de la situación económica, de sus hipotéticos brotes verdes, es prácticamente inmoral cuando se encara con la evidencia de que casi la mitad de la población joven está en paro. Una situación que afecta al 27% de la población activa. Se supone que en estas condiciones un opositor es una fiera. Y que una oposición por una plaza de maestro en Madrid, combate terrible por la supervivencia y el futuro, debería presentar unos resultados muy distintos. El temario de esas oposiciones es perfectamente accesible al nivel de cualquier persona que se lo proponga. Y, desde luego, de un maestro, que por obligación ha debido hacer el Bachillerato. La dejadez, la indolencia, el desentendimiento que suponen esos resultados dice demasiadas cosas ingratas sobre la fibra de los opositores. Naturalmente uno puede fracasar en la oposición y en la vida. Pero aquí ni siquiera hay fracaso, porque no hay lucha. Sólo una desmayada frivolidad.
¿Están esos 12.197 entre los que protestan por los recortes en la enseñanza, entre los que acusan al Gobierno, cualquier gobierno, de dejación? ¿Cuántos hay, entre ellos, de acérrimos defensores de la responsabilidad pública en la enseñanza? ¿Será capaz de presentarse el que no sabe reconocer una preposición en una frase como una víctima de la decadencia del sistema público? ¿Como una víctima del neoliberalismo imperante?
Hombre, hombre.
¡Qué desierto de coderas!
¡Qué mendrugos en defensa del estado de su bienestar!
Sigue con salud,
A.