Pablo Martínez Zarracina-El Correo
- Seguridad informará también de los antecedentes policiales de los detenidos
La Ertzaintza comenzó hace poco más de un año a incluir en sus notas de prensa el origen de los detenidos. Ustedes no lo recuerdan por una razón de peso: las notas de prensa de la Ertzaintza en realidad nos dan bastante igual. Eso no quiere decir que no sean importantes. Al fin y al cabo, emanan de la información que la autoridad recaba, cabe suponer que por alguna razón. Por ejemplo, que lo que no se detecta y se evalúa sea imposible de abordar de un modo eficiente. El problema es en este caso la comunicación. Hasta hace un año, el origen de los detenidos era en el País Vasco un dato que merecía ser consignado pero no hecho público. La consejería de Seguridad rompió con su tradición sigilosa de un modo repentino y aduciendo una razón original: impedir que el PP y Vox se encargasen de informar «como les parece» de la procedencia de los detenidos.
Desde entonces, Seguridad detalla las procedencias, pero evita las nacionalidades y apuesta por las procedencias geográficas un poco en general: comunitario, magrebí, asiático… «A la realidad hay que mirarla de frente», proclamó en su día el lehendakari. El Ararteko no tardó en responderle que la realidad de la procedencia de los detenidos solo merece ser comunicada cuando sea imprescindible para contextualizar unos hechos con relevancia pública. Ayer Bingen Zupiria puso un ejemplo de contextualización conveniente que aludía a un sicario que hace unos días tiroteó en un hospital de Tarragona a un ciudadano turco relacionado con el narcotráfico. Yo imagino que la pregunta surgió sola. ¿Va a comenzar la Ertzaintza a detallar, en plan contextualizador, la nacionalidad de los delincuentes que operan en Cataluña? La respuesta es no. Lo que va a empezar a hacer la Ertzaintza es informar de los antecedentes policiales de los detenidos en el País Vasco, a los que seguirá asignando su procedencia geográfica. O sea, ciudadano magrebí, o nacional, u oceánico, con no sé cuántas detenciones previas. «No queremos ocultar información y se dará en su contexto», explicó ayer Bingen Zupiria en el Parlamento vasco. No debe descartarse que el contexto también tenga que ver con que la avanzadísima Cataluña de Salvador Illa se mostrase dispuesta a informar sobre la nacionalidad de los detenidos a medida que Aliança Catalana no dejaba de crecer. En cualquier caso, la época es inigualable. Ha impuesto la consigna de que dato mata relato mientras explota la certeza de que, para matar ciertos relatos, lo que conviene es, precisamente, ocultar los datos todo lo que se pueda.
Gente pensándoselo
El lunes le preguntaron a Donald Trump si pensaba bombardear Irán tras las elecciones de medio mandato y contestó que no. El martes le confirmó al ‘Financial Times’ que no tenía planes inmediatos al respecto. El miércoles, lo que dijo el presidente de los Estados Unidos es que podría «terminar el trabajo muy fácilmente». Tras reunirse el jueves con su equipo de seguridad nacional, Trump informó de que preferiría no destruir «el resto» de Irán, aunque quizá tenga que hacerlo. «Lo sabréis pronto», anunció. Que la guerra de Irán ha sido «una parte» de la debacle republicana en las elecciones lo reconoció el propio presidente, aunque lo hiciese para corregir a su vicepresidente, JD Vance, que considera que la guerra en Irán ha sido la parte que explica por sí sola que las dos cámaras hayan pasado a manos de los demócratas. En Teherán celebran que los estadounidenses hayan dicho «no a la guerra» cuando puede que estén a punto de recibir más bombardeos estadounidenses. A favor de la insistencia en el error, la posibilidad de que, entre toda la gente a la que Trump desee hacer la vida imposible, estén sus propios sucesores. Mientras tanto, tras las elecciones de medio mandato, el partido en la oposición se concentra en la proyección de un candidato a la Casa Blanca. Se calcula que hay, entre las figuras del partido y los senadores emergentes, una treintena de candidatos pensándoselo. No descarten que asistamos a un prodigio conocido: la asombrosa capacidad del Partido Demócrata para hacer frente al trumpismo del peor modo posible.