ABC-ANTONIO BURGOS

Hay dos PSOE: el de 1978, el del cambio, y este de Sánchez, que quiere volver a las andadas de 1934

NO sé si son aficionados a las viejas adivinanzas que venir solían al dorso de las hojas de los almanaques de taco. Mas no se trata en este caso de una vieja adivinanza, sino de otra de nueva planta. Alguien ha dicho: «Me parece terrible que este tipo siga en el PSOE». ¿Quién es «este tipo» al que se quiere expulsar del partido con una espada de fuego? ¿Acaso Pedro Sánchez, el que está marginando al Rey y usurpando sus funciones, desde la consulta a los partidos para formar Gobierno a la recepción de jefes de Estado extranjeros para la Cumbre del Clima que yo no sé cómo ha decidido gastarse esa millonada un gobierno en funciones, por mucha prosperidad que revierta la estancia en Madrid de tanto vividor de la ecología? ¿O es Ábalos al que se refería esa frase, el que habla cuando debe callar y calla cuando debe pronunciarse sobre algún asunto en el que se espera su opinión y, con ella, el criterio del PSOE sobre la materia?

Esto por lo que respecta al «tipo» en cuestión. ¡Vaya forma de referirse a cualquiera! Y por lo que respecta al autor de la frase, ¿quién ha sido? ¿Alguien del PP, Pablo Casado mismo o cualquiera del equipo gobernante de Génova, 13, que así tiene tan mala suerte el partido conservador? Con la de números que hay en esa calle ponerse precisamente en el 12+1 no puede traer nada bueno? ¿O ha sido alguien de la gestora de Ciudadanos, que quiere marcar distancias con el PSOE para que no la acusen de veleta? ¿O el denostado Abascal, siempre sometido al cordón sanitario de «la ultraderecha» hasta –casi– para la Mesa del Congreso

Pues no. Fríos, frío como al agua del río todos los supuestos que expuestos quedan. La frase la ha pronunciado una gran señora socialista de la vieja y primitiva escuela: la primera mujer consejera en la Junta de Andalucía, aparte de concejal por Sevilla, diputada, senadora, delegada del Gobierno y qué sé yo cuantos cargos más, para perder la cuenta. Lo de «me parece terrible que este tipo siga en el PSOE» lo ha dicho una socialista de toda la vida. ¿Y saben sobre quién lo ha dicho? Pues no sobre Sánchez y sus ansias de permanecer en el poder a cualquier precio y ser investido presidente aun a costa de tener que pactar con los que quieren destruir la Patria y de apoyarse en el voto de filoetarras, neocomunistas bolivarianos con los que formará coalición de gobierno y separatistas catalanes, encabezados por el deleznable Rufián. No. Lo ha dicho… ¡sobre Alfonso Guerra! Amparo Rubiales, o sea, el PSOE de Sánchez, quiere echar a Guerra del partido. Y me imagino que con Alfonso Guerra a todos los socialistas de la primera hora que ayudaron al consenso y a la concordia que nos llevaron a la reconciliación nacional y a la Constitución de 1978. Alfonso Guerra, como Borbolla, como Leguina, como Paco Vázquez, como Valle, como tantos socialistas de aquellos tiempos del bipartidismo y de la consolidación de la democracia, no ha tenido pelos en la lengua, como suele, para denunciar la ignominia de que Sánchez, con tal de ser investido, se eche en brazos de los separatistas catalanes encabezados por Rufián y el prófugo de la fregona en la cabeza. Con lo que llego a la conclusión de que hay dos PSOE: el de 1978, el patriótico, el de la mayoría absoluta de González, el del cambio, y este de Sánchez, que quiere volver a las andadas de 1934 y a Largo Caballero. En Suresnes se hablaba del «PSOE renovado», que era el de González, y del «PSOE histórico», que era el de Llopis y los vejetes que no se comían una rosca en el exilio. Hemos vuelto a aquello. Pero ahora al revés, y a la maldición gitana de Rubiales me remito: el «PSOE renovado» es Sánchez y su frentepopulismo; y el «histórico», estos antiguos socialistas con tanta vergüenza torera como patriotismo. Bienvenido, pues, señor Guerra, al Club de los Fachas que creemos en la Constitución y la defendemos.