Los experimentos, con gaseosa

JOSÉ MARÍA CARRASCAL, ABC – 26/06/15

José María Carrascal
José María Carrascal

· De cómo lo hagan dependerán sus posibilidades de gobernar o de que continúen siendo la mosca cojonera que conocemos.

Cuando Pablo Iglesias regaló a Felipe VI la serie de «Juego de tronos», con la evidente intención de que aprendiera, cometió un error tan de bulto que sólo se explica por la mentalidad antimoderna del donante. En una democracia, aunque sea tan elemental como la nuestra, el soberano no es quien se sienta en el trono. Es el pueblo, al que por algo se llama «soberano». Y resulta que el pueblo es mucho más volátil, tornadizo y difícil de contentar que cualquier monarca de antes. Pero es quien decide, y el rey constitucional tiene que limitarse a que las decisiones del pueblo, por intrincadas que sean, se cumplan.

Casi tan grande como ese es el segundo error –ceguera más bien– del líder de Podemos, debido también al carácter mesiánico de su mensaje. No se ha dado cuenta de que ya no puede arremeter con toda fuerza contra los dos grandes partidos que vienen ostentando el poder desde la Transición. Ahora, también los partidos emergentes ostentan una considerable cuota de poder, sobre todo en las grandes ciudades e incluso varias en autonomías, apoyando a quienes no han logrado la victoria por sí solos. Y ahí sí que viene el problema, porque eso significa que tienen que gobernar, no limitarse a criticar y acusar como han venido haciendo hasta ahora. O sea, que se han convertido en casta.

De cómo lo hagan dependerán su posibilidades de gobernar o de que continúen siendo la mosca cojonera que conocemos. La decisión es crucial y, al propio tiempo, dificilísima, por no decir imposible, al excluirse mutuamente ambas opciones: para gobernar en un escenario político tan fragmentado como el español se necesita pactar, transigir, sacrificar buena parte de los principios de los que esos nuevos partidos venían alardeando. Pero esos principios son precisamente los que han permitido a Podemos la gran subida experimentada en los últimos meses.

Por si ello fuera poco, el primer asalto no va a ser contra el PP –como buscaba Iglesias–, sino contra los demás grupos de la izquierda, que se han apresurado a buscar el espacio del centro, donde hoy se ganan las elecciones. El traje de sastre, la corbata, la esposa al lado y el gran banderón con escudo que eligió Pedro Sánchez para anunciar su candidatura a la presidencia por el PSOE fue un gesto barato, pero efectivo, de que no está en la extrema izquierda, como dice el PP. Lo que ha descolocado a Podemos, donde forcejean en estos momentos los «puros», aferrados a los dogmas, y los pragmáticos, que apuestan por la flexibilidad. Pablo Iglesias está con un pie en cada bando, haciendo equilibrios.

Es lo bastante inteligente para saber que, solos, no logrará su sueño de un mano a mano con Rajoy, por lo que necesita ayuda. Pero se da cuenta también de que su capital son sus principios y, como los ignore, quienes les han seguido les considerarán un partido más. Así que, de momento, se ha inventado un patriotismo sui géneris, que sin envolverse en la bandera tampoco le hace ascos. En fin, que se ha metido en un buen lío. Por algo les decía que hay que dejarles gobernar… en las ciudades. Los experimentos, con gaseosa.

JOSÉ MARÍA CARRASCAL, ABC – 26/06/15