Jesús J. Hernández-El Correo
- El miércoles presenta en Vitoria un libro con las charlas de su seminario sobre el fatídico año 2000, en el que ETA asesinó a 23 personas
Eduardo Mateo, responsable de Proyectos y Comunicación en la Fundación Buesa, lleva muchos años en ese mundo hermoso, complejo y plural de las víctimas del terrorismo. «Me encanta mi trabajo y tengo mucha suerte de estar donde estoy», agradece. Confiesa que hay días que duelen pero «se aprende mucho y he conocido muy buena gente». El miércoles presenta en Vitoria -19.00 horas, casa de cultura Ignacio Astarloa- su libro ‘2000- La vuelta del terror’.
– Fue un año dramático.
– Sí, es un libro que resume el seminario anual que celebramos en octubre. Esta es la vigésimotercera edición. El año 2000 fue muy duro, durísimo, más allá del asesinato del propio Fernando Buesa. Y fue también el canto del cisne del final de ETA como recordamos Antonio Rivera y yo en el prólogo. No lo sabíamos en ese momento pero, visto con perspectiva, fue el principio del fin de la banda. Hay un buen análisis del periodista de EL CORREO Óscar Beltrán de Otálora y de Luis Rodríguez Aizpeolea.
– Un año que algunos historiadores llaman ‘el de los magnicidios’.
– Antonio Rivera suele denominarlo así porque es el año en que matan a López de Lacalle, Fernando Buesa, Fernando Múgica, Jose María Korta… llega tras el fin de la tregua y el pacto de Lizarra, cuando ETA decide volver con más fuerza que nunca. Analizamos todo lo que supuso: hubo 23 asesinatos en esos doce meses pero luego comienza a decaer la maquinaria de la banda.
– También se aborda la ‘socialización del sufrimiento’, aunque es algo anterior a esa fecha.
– Sí, lo analizan Emilio Alfaro, Sara Hidalgo, Gaizka Fernández Soldevilla y Amaia Goenaga. Comenzó antes pero se incrementó mucho en el año 2000. Y retratamos también otra mesa que se celebró con algunos actores políticos de esos años: Izaskun Bilbao, Ramón Jáuregui, Rafa Larreina y Ramón Rabanera a quien, por cierto, quiso matar el mismo comando de ETA que asesinó a Fernando Buesa y a su escolta, Jorge Díez.
– ¿Qué le sorprende cuando echa la vista atrás al año 2000?
– En ese año y en otros momentos me viene la pregunta de cómo pudimos vivir todo aquello, tanta violencia, tantos asesinatos. Cómo pudimos soportar tanto dolor.
– De ese tiempo queda la propia Fundación Buesa, una de las pocas que se mantiene en activo.
– Sí, llevamos 25 años. En Euskadi ha habido cinco fundaciones. La primera fue la Gregorio Ordóñez que se integró en FAES; después la López de Lacalle, que desapareció pronto; la de Korta, que sus hijos entendieron que era momento de terminar al cumplirse 25 años. Y la Maite Torrano, que existe pero sin actividad. Somos la única que queda en Euskadi y tenemos muchas ganas de seguir adelante porque hay terreno para seguir trabajando. Aunque los tiros acabaron, la deslegitimación del terrorismo no ha llegado. Ahí es muy importante el papel de las víctimas, de las fundaciones y de medios, como EL CORREO, que hacen un importante trabajo de memoria al rescatar los testimonios.
– En la Korrika de este año hemos visto a tres exetarras portando el testigo. ¿Qué piensa?
– Es una barbaridad. Es muy duro para las víctimas y para la sociedad. No tiene ningún sentido. Hay una parte de la sociedad que no ha asumido que la convivencia, que el trabajo por la paz, necesita que no se legitime ni se vea como normal que terroristas de ETA, personas que han matado o que han ayudado a matar, sean referentes. Ni en el ámbito del euskera, ni en el de los jóvenes, ni en ningún otro. Todo lo que se haga debería ir acompañado de un mensaje claro de deslegitimación del terrorismo. Nos queda mucho camino.
– En breve volverán las fiestas. Y seguramente las fotos de presos.
– Pues sí, imagino que volverán. Como siempre ha sido así, hay gente que lo ve como normal. Los primeros interpelados son quienes las organizan, quienes lo apoyan y quienes lo ven normal. A ellos apelamos. Pero también a las instituciones para que eso no se permita y se actúe, como se ha hecho en otros momentos. Seguimos a la espera de saber si es factible un régimen sancionador del Gobierno vasco.
Trabajo con estudiantes
– ¿Qué piensa cuando ve dejar la prisión a ‘Txeroki’, ‘Anboto’, Carasatorre…? ¿Salen arrepentidos?
– Son jefes de ETA que han sido muy importantes, que han matado, que han decidido a quién matar, que han estado en las cúpulas. Si salen arrepentidos, si hacen esa enmienda de todo lo que han hecho, deberían ver que hay muchos casos sin resolver, por ejemplo. Que colaboren en esos crímenes sin aclarar y, si ya no puede haber justicia, que haya verdad al menos.
– Con el Memorial, han hecho un nuevo esfuerzo para llegar a los jóvenes con una iniciativa con alumnos vitorianos y franceses.
– Sí, y vemos que les mueve. Cuando les explicas algo que nadie les ha contado y que ha sucedido aquí hace poco tiempo, se interesan mucho. Es muy importante hacerles llegar los testimonios y también trabajar con ellos el contexto histórico y todo eso se aúna en la experiencia a la que aludes de alumnos vitorianos y franceses. Hace falta que, cuando salgan a la calle y vean fotos de presos, sepan lo que sucedió. Entenderán mejor las películas y los documentales que ven sobre esos años. Sabrán qué paso.