- Después de cabrear a Rabat con la nacionalidad de los saharauis, lo siguiente en el radar es la Reunión de Alto Nivel –es decir, la cumbre bilateral– en Madrid con Argelia a finales de octubre. Una cita que no se da desde hace dieciséis años
Sospecho que la incompetencia de nuestro todavía ministro de Asuntos Exteriores en el caso de Marruecos es doble. Lo que allí estamos viendo pone de manifiesto tanto su ineptitud profesional como la falta de atribuciones en esa carpeta de su ministerio que lleva personalmente Pedro Sánchez. Recuérdese que la famosa carta reconociendo España la posición de Marruecos en el Sahara la aprobó directamente Moncloa después de recibirla y sin consultar a Napoleonchu. Ni a las Cortes. Ni informar al Rey.
Todos somos plenamente conscientes de la rendición de España ante nuestro vecino, pero seguimos sin tener una explicación clara de a qué se debe esa sumisión. Casi todos asumimos que es por el pinchazo de Pegasus en su móvil, pero me decía esta semana quien tiene razones para saberlo, que no le parece probable un burdo chantaje porque si Marruecos siguiera esa vía, España podría responder con las mismas armas contra el Rey de Marruecos. Y me decía que el CNI tiene mucha munición.
La cuestión es que por una parte España está rendida ante el país que invadió Ceuta el 30 de julio y por otra le ofende un día sí y otro también. Es decir, los ceutíes son carne de cañón. Por ellos no se mueve un dedo. Pero en otras materias a Marruecos se le pone firme. El jueves pasado se aprobó la nacionalidad española para los saharauis nacidos antes de 1977. Patada en la entrepierna de Marruecos. Y eso lleva a otra reflexión. Sánchez dio un cambio radical a la posición histórica de España en el Sahara. Personalmente siempre he creído que lo lógico era que ese territorio terminase bajo soberanía marroquí. Pero no gratis.
Lo que España debería haber hecho –de no tener un traidor en Moncloa y un incompetente en Santa Cruz– es firmar un tratado con Marruecos por el que se reconociera la marroquinidad del Sahara a cambio de que Marruecos aceptase la españolidad de Ceuta, Melilla y sus islotes y peñones adyacentes. Pues no. Marruecos se llevó todo a cambio de nada. No paramos de mejorar.
Después de cabrear a Rabat con la nacionalidad de los saharauis, lo siguiente en el radar es la Reunión de Alto Nivel –es decir, la cumbre bilateral– en Madrid con Argelia a finales de octubre. Una cita que no se da desde hace dieciséis años. Es bien sabido el enfrentamiento constante entre ambos países magrebíes. Es un odio infinito. Y de hecho el origen de la invasión de Ceuta puede estar en la visita de Sánchez a Argel durante unas horas el 20 de julio.
Y para completar estos desencuentros Napoleonchu debería estar dedicado en cuerpo y alma a calmar las aguas de cara a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. Ya se sabe que eso es siempre una causa de choque, pero ahora más que nunca es imprescindible la presencia del Rey. Por las razones que sea, la relación de Felipe VI y Mohamed VI no es tan estrecha como la que tuvo el marroquí con Juan Carlos I. Todos recordamos verlos llorar juntos ante el féretro de Hassán II. Pero es imprescindible el gesto de la visita del Rey. Y Marruecos puede llamar a consultas a su embajadora, cosa que ya hizo cuando Don Juan Carlos y Doña Sofía visitaron Ceuta y Melilla hace 19 años. Pero cosa que Sánchez no hace ni cuando un ministro tras otro reivindica la marroquinidad de las plazas españolas en el Norte de áfrica. Ni cuando lo hacen ante su Rey. Comprendan que no me queda más remedio que insistir: no paramos de mejorar.