Negociar con el PSOE

EL MUNDO 15/12/16
LUIS MARÍA ANSON

CON QUIEN debe negociar el Partido Popular es, sobre todo, con el PSOE, hasta restablecer el espíritu de la Transición. Los secesionistas catalanes se encampanarán si no encuentran enfrente, unidos y sin fisuras, a los constitucionalistas.

En junio del año 2014, la ley de abdicación, que era la de proclamación del nuevo Rey, fue aprobada en el Congreso por el 86% de los diputados y en el Senado por el 90% de los senadores. Gracias al sentido de Estado de Alfredo Pérez-Rubalcaba funcionó el espíritu de la Transición. La voluntad general libremente expresada, representada en las Cortes, sede de la soberanía nacional, respaldó abrumadoramente a Felipe VI.

En septiembre de aquel año 2014, Mariano Rajoy pudo, y no quiso, convocar una Comisión para la reforma constitucional integrada por Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero, Duran Lleida, José Antonio Ardanza, Javier Solana, José Bono, Roca Junyent, Eduardo Zaplana y varios catedráticos de derecho constitucional, encabezados por Jorge de Esteban. Se hubiera suspendido el referéndum espurio del 9-N en Cataluña y se habría producido el acercamiento de las nuevas generaciones, indiferentes ante el sistema al 70%, indignadas al 30%, asqueadas casi al 100%, tras las obligadas consultas a los dirigentes jóvenes políticos, sindicales, religiosos, universitarios, culturales, económicos, deportivos…

En septiembre del año pasado, el 2015, los trabajos de la Comisión con el acuerdo de una reforma constitucional moderada y profunda se hubieran sometido, conforme a las exigencias del artículo 168, a la aprobación de al menos dos tercios del Congreso y dos tercios del Senado. Después, preceptivamente había que convocar elecciones generales: las del 20 de diciembre. Tras ellas lo que procedía, al menos durante un año, era un Gobierno de coalición para la aprobación de la reforma constitucional por dos tercios del nuevo Congreso y dos tercios del nuevo Senado. Y a continuación, referéndum nacional en el que los catalanes hubieran ejercido su derecho a decidir junto al resto de los españoles, libres e iguales todos ante la ley. Analistas expertos a los que tuve ocasión de consultar cifraban el resultado del referéndum en el 75% de votos favorables en toda España y en más del 60% en Cataluña. Habría quedado resuelto el órdago secesionista catalán y además la incorporación de las nuevas generaciones al sistema, despejándose los horizontes para otros treinta años.

A Mariano Rajoy no le pareció bien poner en marcha lo que dictaba el sentido común y la previsión histórica y ahora anda mendigando, genuflexo ante el rebenque, la atención del secesionismo catalán. Se equivoca de nuevo. Nada se puede esperar de los independentistas en una negociación desde la debilidad. La situación, ya que ahora sería demasiado complicado abordar la reforma constitucional, exige la negociación profunda con el PSOE, sin descartar a Ciudadanos, para el acuerdo entre el centro derecha y el centro izquierda con el fin de imponer la ley constitucional a los órdagos secesionistas, atendiendo, por supuesto, a lo que establece el artículo 155 de la Carta Magna española. Vale la pena recordar que el socialista Tony Blair suspendió la autonomía irlandesa en varias ocasiones y terminó ganando la partida.