- Sánchez cumple su venganza purgando a la fiscal honesta que declaró contra García Ortiz y promocionando a la mujer del condenado
Más de una vez, y perdonen la petulancia de la autocita, he comentado aquí que parte del problema político que sufre España es en buena medida de índole psicológico. No hemos tenido suerte con el carácter de la persona que por dos veces se ha hecho con el poder tras haber perdido sendas elecciones. Su seña distintiva es el resentimiento, en la línea del que describió el doctor Marañón en su memorable libro sobre el carácter del emperador Tiberio (con la diferencia de que el romano se desempeñaba como un competente administrador).
El segundo rasgo del personaje es su amoralidad, que se traduce en que no siente ni padece –salvo en lo que atañe a su núcleo familiar– y en que es capaz de sostener con idéntica soltura un principio y su contrario. La tercera característica psicológica reseñable es su irascibilidad, que contiene ante las cámaras, pero que en su círculo privado atemoriza a quienes trabajan con él.
Cuentan que cuando el mandatario «progresista» conoció el incidente del reportero Quiles con su mujer, se pilló un globo de tal calibre que sus voces y amenazas casi se escuchaban en Torrelodones. En un plis plas estaba lista la querella de la seudo primera dama contra el reportero, que en realidad fue inmovilizado e insultado por las amigas de la señora Gómez. Curiosamente, Sánchez no ha tenido deseo alguno de denunciar a Aldama después de que lo señalase en el Tribunal Supremo como el «número 1» de una «organización criminal». ¿Por qué será? ¿Llevará agua el río que suena?
La huella de una psique pendenciera, iracunda y marrullera se percibe en muchas acciones que van llevando a España de la democracia a la autocracia. Sánchez encajó como si fuese un gancho en su mandíbula la condena de García Ortiz por el Supremo. ¿Reacción del proyecto de autócrata? ¡Se van a enterar! Fuego cruzado contra la sentencia: de un lado, Pumpido trabaja ya para borrar la pena de Ortiz desde el TC, y del otro, la nueva fiscal general acaba de purgar a la brava a quien declaró contra su predecesor, al tiempo que ha premiado con promociones a la corte del fiscal delincuente, incluida su propia esposa.
A veces nuestra política parece ya el cuento de Pedro y el lobo. Se alerta tantas veces el deterioro que está sufriendo la democracia que llega un momento en que al público todo le resbala, todo le parece lo mismo. Otra más en un país donde «al final nunca pasa nada». Pero aun así es necesario denunciar los puntapiés del sanchismo a nuestro sistema de derechos y libertades.
Teresa Peramato, salmantina de 63 años de marcada ideología de izquierdas, fue nombrada fiscal general del Estado el pasado diciembre. En tan breve plazo ya está demostrando que es capaz de igualar, y hasta superar, los niveles de servilismo sanchista de Ortiz, su predecesor y amigo (ambos fueron en su día presidentes de la Unión Progresista de Fiscales).
Almudena Lastra llevaba cinco años como jefe de la Fiscalía Superior de Madrid, con un desempeño impecable. Cuando García Ortiz se lanzó a sus maniobras orquestales en la oscuridad contra Ayuso, Lastra se negó a secundarlo, sabedora de que la estaba incitando a participar en un delito. Además, declaró en el juicio y su testimonio resultó clave en la condena e inhabilitación de Ortiz.
¿Qué ha hecho ahora la fiscal general Peramato? Pues cesarla, poniendo en su lugar a una eminencia: ¡la fiscal 1.306 del escalafón de la Carrera! Es decir: se ha cepillado a la única persona que fue honesta. Lo hace porque Lastra antepuso su profesionalidad a las presiones partidistas, encorajinando a Sánchez al contar ante el Supremo la verdad de aquella noche toledana de Ortiz.
Peramato ha promocionado además a quienes componían el clan de Ortiz. Y como guinda, ya con chulería, en plan «si no quieres caldo, toma siete tazas», ha ascendido a la mujer del fiscal condenado, dándole el puesto que ella quería en Galicia. Para completar la semana fantástica, García Ortiz irá el domingo a llorar al confesionario sanchista de Évole, que lo masajeará y sermoneará al respetable sobre la maldad de «la derecha y la ultraderecha judicial».
Sánchez, que flota en una balsa de corrupción y es incapaz de gobernar, está descuajeringando la democracia ante nuestros ojos. Y quien no lo vea tiene menos vista que Ray Charles. Lo que ha hecho Peramato es una gamberrada que cantaría hasta en la Venezuela de Maduro.