Playas las de Lloret

SANTIAGO GONZÁLEZ, EL MUNDO 30/01/13

· Hace años leí una entrevista con Alberto Moravia en la que explicaba que la familia era la gran escuela de la delincuencia moderna. Era un subjetivismo excusable, el anciano escritor se hallaba casado con la joven y aguerrida navarra Carmen Llera, que compartía la veneración intelectual que profesaba a Moravia con el tributo físico que rendía al líder druso Wallid Jumblatt. Di entonces en pensar que la delincuencia, para ser moderna, necesitaba una formación multidisciplinar, no podía perfeccionarse en una sola escuela: estaban también el municipio y el sindicato, las tres patas institucionales que sostenían ideológicamente el taburete del franquismo.

Por aquel entonces, estábamos en plena Transición; ésta era una idea inenunciable. Los ayuntamientos democráticos y los sindicatos, casi nada. Hablemos de los primeros, así a título meramente enunciativo: Marbella, Estepona, Alhaurín, Manilva, Mogán, Sevilla, Seseña, Palma, Alicante, Santa Coloma de Gramanet, Baena, Boadilla del Monte, Pozuelo de Alarcón, Arganda, Ciempozuelos, Sabadell, Montull, y ahora Lloret de Mar. Costas las de Levante, playas las de Lloret, ya lo decía la ópera de Arrieta. Contra lo que creía Emiliano Zapata -así terminó el hombre-, la tierra no es para el que la trabaja, sino para quien la recalifica, y las concejalías de Urbanismo tuvieron entre sus competencias el don divino que les permitía convertir suelo rústico en urbano.

Eran unos comienzos muy prometedores, pero insuficientes para tiempos marcados por la globalización. De ahí que Lloret pasara a ser un escenario para las mafias internacionales, mayormente la rusa. Su jefe, un tal Petrov, que empezó a hacer buenas migas con el entonces alcalde, Xavier Crespo, que es hoy un feliz diputado convergente en el Parlament. «Hay años en los que no está uno para nada», ha debido de pensar Josep Antoni Duran Lleida, la gran esperanza blanca de Rajoy para frenar a Mas. Su partido acepta la condena por el caso Pallerols y ahora uno de sus correligionarios de CiU aparece involucrado en la delincuencia internacional organizada.

Hubo un Petrov, Gennadios, detenido en Calvià en 2008. El año pasado pidió permiso para ir al médico, el juez se lo dio y hasta ahora. Este Petrov, Andrei de nombre, es un ejemplo de self made man. Empezó con una modesta churrería en Lloret y ahí le tienen, con patrocinios deportivos, negocios diversificados en el municipio y en toda Cataluña. Para que luego se ponga en duda la superioridad del comunismo a la hora de formar a la juventud en habilidades y valores. Para que luego vengan los españoles con el cuento de que una Cataluña independiente se iba a ver aislada internacionalmente. Petrov pagó dos viajes a Moscú al ex alcalde Crespo. Tal vez fue a preparar el viaje de Estado de Artur Mas a finales de octubre de 2012. Lo único que no casa es el nombre chocarrero dado por la Guardia Civil a esta investigación. ¿Cómo va a tener reconocimiento europeo Cataluña con nombres como operación Clotilde, que suena a película de Ozores con Gracita Morales? España no descansa, honorable president.

SANTIAGO GONZÁLEZ, EL MUNDO 30/01/13