Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

La política española lleva meses girando alrededor del ‘centro de la locura’, de tal manera que temas relevantes del quehacer diario quedan arrumbados por la dinámica de la inestabilidad y el enfrentamiento. Entre ellos se encuentra el grave asunto de los Presupuestos Generales del Estado que quizá recuerde están en paradero desconocido, los de 2024 y en el limbo los de 2025. No tenemos presupuestos, pero no porque hayan sido rechazadas en el Congreso las cuentas presentadas por el Gobierno, sino porque éste no ha considerado oportuno presentarlas, imagino que por el miedo a revolver el gallinero que le sostiene y volver a perder una votación.

¿Qué pasará con los Presupuestos de 2025 que deberían haber comenzado ya su larga andadura? Pues nadie lo sabe. Ni siquiera el presidente porque no se lo han contado ni Puigdemont ni, por supuesto, el sustituto de Aragonès al frente de ERC, sea o no Junqueras. Pero no hace falta ser muy astuto para concluir que, a falta de cuestiones mayores como la propia gobernabilidad de Cataluña que es su principal interés, las exigencias de ambas formaciones, cuyo voto es imprescindible, rondarán acerca de las cuestiones fiscales.

Los pactos que firmó el PSOE para sostener la legislatura no son exactos en su redacción, pero sí parecidos en su contenido. Puigdemont exigía la cancelación de la deuda pública en manos del Estado a cuenta de las inversiones no ejecutadas, mientras que Aragonès se centraba en la soberanía fiscal plena. ¿Puede ceder en esto Sánchez para mantener viva la legislatura?

No me atrevo yo a dudar de la capacidad de cesión de nuestro presidente, que es prácticamente ilimitada. Puede ceder y si es necesario cederá, pero sería siempre a cambio de desatar un enorme revuelo en todas las comunidades autónomas, no solo en las regidas por el PP y sin excluir al País Vasco y Navarra que asistirían preocupadas a la apertura del melón de la igualdad.

La renovación del sistema de financiación autonómica lleva más tiempo atascada que la del Consejo General del Poder Judicial y sus dificultades no son menores. Máxime ahora que el enfrentamiento con el PP asciende a temperatura de ebullición y controla la mayoría de las comunidades. En épocas anteriores, los ‘apaños’ de la financiación caían sobre el amable regazo del déficit público pero dudo de que esto sea posible en tiempos de exigencias de consolidación fiscal europeas.

Veremos.