Gabriel Sanz-Vozpópuli

  • El descubrimiento de joyas de gran valor en su caja fuerte, fruto de “regalos” a su esposa, echa por tierra esa imagen austera que siempre ha pretendido

Con independencia de cuál sea el final del complicado calvario que tiene por delante José Luis Rodríguez Zapatero, vamos conociendo del sumario judicial instruido por el puntilloso magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama,, sus idas y venidas a Venezuela y a China, la sospecha del cobro de dineros poco justificados por gestiones aún menos claras para rescatar la aerolínea Plus Ultra y una sorprendente afición a las joyas. Así que ya podemos hacernos varias preguntas pertinentes, la primera: ¿Quien es realmente Rodríguez Zapatero?

¿Quien es ese personaje que aparece en la fotografía haciendo el gesto característico de aquel Grupo de la ceja compuesto por artistas de izquierda –Victor ManuelAna BelénJoan Manuel Serrat, incluso el hoy completamente alejado de esa órbita Miguel Bosé-, que impulsaron su reelección en las urnas en 2008 movidos, seguro, por la noble creencia de que el hoy ex presidente simbolizaba mejor que nadie el espíritu y afán de igualdad entre los hombres?

¿De verdad Zapatero fue alguna vez el insobornable “supervisor de nubes tumbado en una hamaca” que, parafraseando al escritor Ramón J. Sender, afirmaba en 2011 a su salida del poder que le gustaría ser? ¿Se puede representar en público el papel de príncipe de los pobres y atesorar en un rincón de tu despacho una fortuna en joyas opaca para el fisco?

¿O, más bien, bajo esa máscara siempre se ocultó un cínico y enfermizo embaucador y contador de billetes de euro, alguien que ha llegado a acumular en su caja fuerte “cientos de miles, incluso millones” de euros en joyas y relojes descubiertos por la Policía durante el registro del despacho, a decir de no pocos expertos del sector del lujo?

“Ser socialista es dar mucho y pedir poco”

Tengo claras las respuestas y si no las ofrezco es porque, como cualquier ser humano, me resisto a la sola posibilidad de haber sido engañado tanto y durante tanto tiempo por el personaje tan despreciable que dibujan el informe de la UDEF y el auto de imputación; y me corroe como periodista no haber visto las señales que desde hace tiempo acompañaban a nuestro fallido supervisor de nubes.

La primera, la terrible contradicción de ver a un ex presidente de la cuarta economía europea presumiendo hasta anteayer de sus gestiones para liberar a cientos de presos políticos del chavismo en Venezuela; el mismo que los encarceló, torturó y asesinó mientras Zapatero confraternizaba y hacía negocios con la dictadura en un clima de total impunidad, lo cual, de confirmarse vía sentencia, convertiría esa supuesta bonhomía en algo nauseabundo.

Respetaré su presunción de inocencia hasta que esa hora llegue, pero tengo claro que ningún político vuelve ya a ser el mismo ante la opinión pública tras el tremendo impacto que produce ver fotos como las de ese archivo policial con decenas de rubíes, zafiros y diamantes engarzados que han permanecido a buen recaudo en una caja de caudales; Y menos que nadie, quien durante muchos años ejerció el monopolio de los buenos sentimientos proclamando desde “el lado correcto de la historia” en los mítines de un PSOE hoy en shock que “ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho” (sic).

O bisutería o fraude fiscal millonario

Ya pueden contarnos él o sus portavoces oficiales y oficiosos que la mayoría es producto de una herencia de la madre de Sonsoles Espinosa a su hija, y también de su tía -“entre 30.000 y 50.000 euros”, según el asesor en comunicación y presidente del Ateneo de Madrid, Luis Arroyo-, que en la retina de los españoles han quedado unas gargantillas, brazaletes y pendientes solo vistos en los cuellos y muñecas de reinas y princesas del Hola. 

Así que más le vale a Zapatero contar al juez Calama toda la verdad sobre el origen y valor de esas joyas, de esos “regalos personales” a su esposa por algunos países árabes, aclarar sí fueron regalos durante su paso por la Presidencia del Gobierno o después, y si esas 103 piezas, relojes incluidos, están al corriente del pago de impuestos a Hacienda… porque, como no lo estén, supone un fraude fiscal millonario de libro que agravaría su ya de por sí difícil situación penal.

Llegados a este punto de la historia, me temo que el menor de los problemas judiciales del segundo presidente socialista en la reciente historia democrática de España es que el magistrado descubra un correo o un whasapp suyo con su presunto testaferro Julio Martínez Martínez Julito o de pelo con su secretaria para todo desde los tiempos en La Moncloa, Gertrudis Alcázar.

Tras el descubrimiento de esa caja fuerte que Gertru y el abogado del ex presidente no querían abrir -por algo será-los cientos de miles de euros que Análisis Relevante transfería al matrimonio Zapatero y a la empresa de sus hijas, Alba y Laura, por unos informes hechos corta y pega con datos sacados de Google es hoy, sí me apuran, pecatta minuta.

Lo mollar, lo que puede hundir definitivamente el prestigio del ex presidente y sumirle en una muerte civil, además de las consecuencias penales que deba afrontar, es el joyero de su esposa que más bien se asemeja a una abultada cuenta corriente en diferido para ellos o sus hijas con muchos ceros y fuera del radar de Hacienda.

Ojalá todo sea un mal sueño, un error (otro) de este periodista que no sabe distinguir la bisutería del collar fetén. Por el bien de una España que lleva ya soportados en los últimos años demasiados escándalos de corrupción a sus espaldas, demasiados Koldos, Ábalos, Cerdanes y Aldamas para espanto del PSOE y su líder, Sánchez Castejón, que pudo aguantar el arreón electoral en 2023 gracias a su hoy denostado antecesor.