Juan Abreu-Vozpópuli
- En cuanto se sacraliza el folklor y comienza a hablarse de Identidad, ya todo está perdido o camino a perderse
Si algo demuestran los latrocinios, corruptelas y puteríos del PSOE y su banda, es que la Democracia española carece de medios efectivos para defenderse de un facineroso tipo Sánchez si este forja una alianza con los antiespañoles nacionalistas tribales catalanes y vascos. Tal vez esto último obedezca a que algunos de los llamados padres de la Constitución pusieron antes que los intereses de los ciudadanos españoles libres e iguales, los intereses de estas tribus comulgando con supercherías tales como las nacionalidades y otorgando a pequeñas lenguas regionales la misma categoría legal que a la lengua común, el gran idioma español. Las armas contra la unidad y la igualdad de los españoles ya están en la Constitución. Se ha avanzado mucho en el camino de la rendición, pero la semilla estaba depositada en terreno fértil (la Constitución), desde el primer momento. Presidencias para todos (a pesar de ser simplemente gobernadores) banderitas propias para todos, himnos y policías tribales, con trajes a cuál más ridículo, que se deben a la tribu y a sus delirantes imaginerías y ceremoniales identitarios. Que van en crescendo, al aquelarre tribal andalú en las últimas elecciones me remito.
Los nacionalistas regionales tenían el camino antiespañol pavimentado desde el primer momento. En vez de fomentar y defender la pertenencia a la gran nación española se fomentó y defendió (y fomenta y defiende, hoy más que nunca) la cobardía, la marrullería y el servilismo traidor ante los antiespañoles catalanes y vascos. Cada cacique con su corte y su himno, su poder de colocación, su aristocracia pueblerina, su nacionalismo rancio, su babilla racista y sus pujos imperiales. Y lo de imperiales lo digo por los nacionalistas antiespañoles de Cataluña y el País Etarra, que poco falta para que, con tal de alejarse de España y certificar la pureza de su raza, se declaren Emperadores de alguna galaxia lejana. El más peligroso enemigo de la democracia española no es la pandilla de atorrantes y chupópteros neocomunistas chavistas y castristas de Podemos y excrecencias por el estilo, es el tribalismo; y la cobardía con que España, desde el mismo instante en que se redacta la Constitución, se relaciona con él.
Disminuido y acorralado
El tribalismo sólo es inofensivo mientras se conserve a niveles folklóricos. En cuanto rebasa esos niveles, que son beneficiosos para el turismo y el lloriqueo oscurantista de las “tradiciones”, se convierte en una amenaza mortal para la Civilización. Cuando la identidad tribal alcanza el nivel que alcanza en algunas regiones españolas, estamos en la antesala de la caverna autoritaria primero, y nazi después. En cuanto se sacraliza el folklor y comienza a hablarse de Identidad, ya todo está perdido o camino a perderse. Soy catalán y bailo la sagrada zandanga, o soy andalú y bailo el sagrado taconeo, o soy euskaldún (a saber qué coño es eso) y bailo el sagrado me pateo la cabeza (y etcétera hasta contar diecisiete tribus). Lo que quiero decir es que cuando cualquier chorrada como un baile local o una banderita regional, o una boina o sombrerillo espantoso pero tradicional, o una jerigonza secundaria y sin importancia, se convierten en señas sagradas de identidad tribal, estamos jodidos. Nadie quiere ya ser cola de león, todos quieren ser cabeza de ratón. Y están jodidos los ciudadanos y sobre todo está jodido el hombre despatriado, epítome luminoso de la civilización y de la mejor humanidad, que se ve cada vez más disminuido y acorralado.
Los partidos traidores
Por primera vez en su historia reciente, España (la única nación y país que hay en España) tiene un gobierno antiespañol cuyo propósito es la destrucción de España y el exterminio de los ciudadanos libres e iguales. Y ese Gobierno antiespañol, y he aquí la novedad de esta terrible ecuación, ejerce el Poder en contubernio con partidos tribales antiespañoles. Por eso no hay que esperar que estos partidos rompan con Sánchez y su banda. Lo sostendrán hasta el final. La razón es sencilla, comparten propósito (desguazar España) y los une el mismo desprecio (en el caso del PSOE: ideológico, en el caso de sus aliados: racista) por lo español. ¿Decencia? ¿Límites morales? Ninguno. No hay que olvidar que el PNV es un partido vampiro que se ha alimentado durante décadas de la sangre que supuraban las nueces del árbol de los terroristas (patriotas) vascos. Se dice con razón que la religión permite a los hombres cometer atrocidades que sin la religión tal vez no cometerían. La Patria también. Estos partidos traidores en lo que piensan es en exprimir todo lo que puedan a Sánchez para avanzar en el proceso de construcción de su naciones inventadas y en saquear todo lo que puedan el Cofre del Tesoro de los contribuyentes de la odiada España. La especie se alzó desde pequeños grupos animales hasta la tecnología, la ciencia, la invención de Dios (que sirvió un tiempo) y de la palabra, la escritura y la moral, alejándose paulatinamente (nunca demasiado velozmente, por desgracia) de la tribu. Pero ahora las tribus han regresado, o tal vez nunca se fueron. Su ausencia fue un espejismo que ahora vuelve a mostrar su rostro primitivo y a imponernos los funestos alaridos de la manada.