ISABEL SAN SEBASTIÁN-ABC

  • Frente a su voraz apetito de poder, la templanza de Feijóo empieza a parecer indiferencia

¿Qué nos pasa a los españoles? ¿Cómo es posible que la mayoría prefiera ver en la Presidencia al hombre que ha colmado de beneficios a la peor escoria etarra, indultado a los sediciosos catalanes, legislado al dictado del independentismo, liberado a violadores y pederastas, okupado (con k) las instituciones, pervertido el Tribunal Constitucional, arruinado a millares de autónomos, secuestrado el Parlamento durante la pandemia y mirado hacia otro lado ante la corrupción de los suyos? ¿Qué tiene en la cabeza, el corazón y el bolsillo ese 27,6 por ciento de ciudadanos decidido a votar al PSOE a pesar de tales pesares? No encuentro respuesta satisfactoria a estas preguntas. Cualquier democracia sana condenaría al ostracismo a un dirigente culpable de semejante gestión. Por mucho menos de lo expuesto el PP de Rajoy sufrió una moción de censura y después un castigo feroz en las urnas, ya en época de Casado. Uno y otro pagaron caro el precio de sus errores. Sánchez en cambio resiste prácticamente incólume, hasta el punto de que únicamente el hundimiento de Podemos amenaza su continuidad en la Moncloa. ¿A qué debe el beneficio de esta bula reflejada en la encuesta de GAD3 para ABC?

Yo me confieso perpleja. Cada uno de los puntos expuestos debería haber bastado para liquidar su carrera política. Solo el hecho de cumplir a rajatabla su pacto de la vergüenza con Bildu, llevando a casa hasta al último de los asesinos del hacha y la serpiente sin pedirles a cambio ni arrepentimiento ni colaboración, debería haber sellado el destino de este felón, dispuesto a engañar a todos menos a los terroristas. ¿Y qué decir de los agresores sexuales agraciados por la ley del ‘sólo sí es sí’, el ‘Tito Berni’ o los pisos que pagaba en metálico la ex directora de la Guardia Civil? ¿Tan abrumador es el dominio mediático ejercido por los terminales gubernamentales que el hedor de esta podredumbre no llega a los electores? ¿O es que el sectarismo ancestral de la izquierda prevalece sobre cualquier conciencia crítica, cualquier coherencia, cualquier decencia? Sea como fuere, es evidente que cada euro de nuestros bolsillos gastado en comprar papeletas obtendrá rentabilidad. Si al final logra imponerse y volver a gobernar, será gracias a los regalos pagados con nuestro dinero.

Sánchez carece de escrúpulos, pero rezuma ambición. Su voraz apetito de poder es tan evidente que resulta contagioso. Eso debe de enardecer a los suyos, infundirles esperanza y entusiasmo. Frente a él, por el contrario, se sitúa un líder cuya templanza empieza a parecer indiferencia. ¿Ansía Feijóo la victoria con fuerza suficiente como para alcanzarla? A tenor de este sondeo, los españoles piensan que no. Porque heredar tras un desahucio no es lo mismo que conquistar. El candidato popular no puede fiarlo todo a que su adversario pierda. Si quiere hacerle probar el sabor de la derrota, debe salir a ganar.