Alberto López Basaguren | Catedrático de Derecho Constitucional de la EHU

  • «Euskadi es plurilingüe y la Administración tiene que responder a los derechos de todos sin vulnerar los de nadie»

En las últimas semanas ha sido víctima de inusitados ataques desde colectivos y medios ligados a una parte del mundo del euskera por sus opiniones sobre la política lingüística de algunas administraciones y la que pretenden impulsar tanto PNV como EH Bildu con sus propuestas de reforma de la Ley de Empleo Público. Catedrático de Derecho Constitucional de la EHU y euskaldun, la trayectoria vital y profesional de Alberto López Basaguren (Basauri, 1957) le ha llevado a ser miembro del Consejo Asesor del Euskera y del Comité de Expertos de la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias del Consejo de Europa.

– Dicen de usted que es enemigo del euskera.

– Tengo muy claro que no tengo que justificarme ante nadie y mucho menos ante quienes lanzan ese tipo de descalificaciones. Mi trayectoria vital y mi vínculo con el euskera es… Mire, yo no le di prioridad para alcanzar con 50 años ningún cargo relevante, yo le di prioridad desde muy jovencito. Llevo 27 años impartiendo docencia en esa lengua sin tener ninguna obligación. Ellos mismos se han retratado en su sectarismo y en su visión fundamentalista y talibana del euskera.

– ¿Quiénes son esos ‘ellos’?

– Los que controlan el mundo público del euskera, donde Kontseilua tiene un protagonismo fundamental y medios como ‘Argia’ están jugando un papel determinante. Y también sus conexiones directas con Bildu.

– ¿Los engloba a todos?

– Tengo dudas de quién controla a quién, pero esa vinculación es directa. Ellos me han señalado y descalificado directamente.

Alberto López Basaguren | Catedrático de Derecho Constitucional de la EHU

Koldo Domínguez

– Se le nota dolido.

– Me he sentido profundamente enfadado con ese mundo hasta límites muy elevados. Salvo que rectifiquen, mi fractura con ellos es total. No quiero ninguna relación con esa gente.

– ¿Por qué hay ahora tanta crispación alrededor del euskera?

– Porque ha habido un cambio de actitud del PNV respecto a las condiciones y a los interlocutores del pacto lingüístico de 1982. Aquel año Herri Batasuna se autoexcluyó del acuerdo, pero ahora pretenden no sólo explicarnos en qué consistió aquello sino establecer, manteniendo las mismas ideas que tenían entonces, cuáles deben ser las condiciones de la actual política lingüística.

– ¿Y el PNV se ha acercado a esos planteamientos?

– Es evidente que ha cambiado su posición respecto al 82; EH Bildu, no. Más de cuarenta años después, los presupuestos que defiende ahora la coalición siguen siendo igual de incompatibles con los de aquel entonces. El problema es que el PNV parece haberlos aceptado. Es el reconocimiento de que tenía razón Txillardegi y que era Mitxelena el que estaba equivocado.

– ¿Y eso a dónde nos conduce?

– Si uno sigue a ciertos sectores del PNV, sobre todo los dirigentes guipuzcoanos que tienen la responsabilidad sobre este ámbito en la dirección de su partido, es evidente que lo que buscan es un ‘Lizarra lingüístico’. Ante la perspectiva de una creciente inmigración, quieren forzar la máquina. Y si llevan a la práctica esas propuestas, eso va a generar, por desgracia, una fractura social respecto al apego al euskera.

– ¿Es pesimista?

– Para garantizar su supervivencia, tenemos que ser capaces de mantenerlo como una lengua plena de comunicación. El riesgo es que cada vez más gente sepa algo de euskera pero que cada vez menos gente lo use para comunicarse. Ese será el inicio de su defunción.

– PNV y Bildu defienden, cada uno a su manera, que hay que dejar atrás el actual sistema de perfiles en los puestos de trabajo públicos. ¿Lo ve como una opción legítima o cree que detrás hay algo más?

– Las dos cosas. Hay sectores que tienen una interpretación agónica del futuro del euskera, que creen que puede desaparecer. Algo paradójico porque, precisamente, gracias a esa política lingüística pactada en 1982, está mejor que nunca. Pero, por otro lado, hay un intento de usarlo como trampolín para la hegemonía en la sociedad y controlarla.

– Explíquese.

– Es el mismo esquema de las derechas populistas, pero aquí se hace con una apariencia de discurso progresista y de izquierdas. Es el cierre de la sociedad en sí misma, ignorando la realidad actual. Y en lugar de garantizar la supervivencia del euskera en términos democráticos, consideran que la única vía es el aislamiento lingüístico. Es un intento de ir contra nuestra historia porque, como decía Mitxelena, ‘gaztelania ere hemengoa da’ (el castellano también es de aquí).

– ¿Cree que el sistema de perfiles aún es válido?

– No tengo ninguna duda. Lo que se requiere, simplemente, es una tarea organizativa por parte de las administraciones que, por vagancia, no han afrontado. Es mucho más cómodo exigir a todo el mundo acreditar el conocimiento del euskera que hacer una auténtica labor de organización interna para garantizar plenamente los derechos de los hablantes de euskera sin afectar al derecho de acceso al trabajo público de los ciudadanos, cuando no está justificado.

– Bildu plantea que todos los funcionarios deben saber euskera.

– Esa propuesta es contraria a las exigencias que se pueden establecer en un sistema democrático para acceder a la función pública.

– Si lo aprueba una mayoría del Parlamento vasco, sí lo sería.

– Tendría un problema con el artículo 6 del Estatuto, que exige la adecuación a la diversidad sociolingüística de las diferentes zonas del país. Así que también habría que cambiar el Estatuto. Y en cualquier caso, choca contra los principios democráticos en una sociedad plurilingüe. Y una cosa más.

– ¿Cuál?

– Quienes proponen esta política saben, porque la realidad lo demuestra, que no hay personas suficientes para cubrir todos esos puestos en la universidad, en sanidad, en la administración pública… Y eso provoca que se promocione a los mejores puestos, en condiciones tanto económicas como laborales, a quienes tienen ese conocimiento del euskera. Y para el resto de puestos se tiene que recurrir finalmente a gente que no cumple esos requisitos. Como dice un amigo, se está construyendo una aristocracia en torno al euskera. Ocurrió en la Judicatura y está ocurriendo en Osakidetza: el euskera como forma de promoción.

– Entonces, ¿qué propone usted?

– Hay que sostener una política lingüística que garantice la convivencia entre personas de diferentes lenguas, sin pensar que los derechos de los hablantes de una de ellas exigen, como ahora se está difundiendo y es una aberración, que todos los demás la hablen. Euskadi es una comunidad plurilingüe y la Administración tiene que responder a los derechos de unos y otros sin vulnerar los de nadie.

– ¿Un euskaldun tiene garantizados sus derechos?

– Hay problemas muy puntuales, limitados y anecdóticos, que las administraciones tienen obligación de corregir. Me atengo a las quejas ante el Ararteko, el Elebide (Servicio para la Garantía de los Derechos Lingüísticos del Gobierno vasco) o Kontseilua. Insisto, hay suficiente personal que acredita saber euskera, solo hace falta una buena labor organizativa.

– Cambiemos de tema. ¿Es un varapalo al Gobierno vasco el auto del juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional sobre cómo está otorgando la semilibertad a los presos de ETA vía artículo 100.2?

– En el ámbito jurídico, nos tomamos con mucha normalidad el que los tribunales decidan en contra de una posición, así que lo situaría dentro de la normalidad. Pero es verdad que es un ámbito muy delicado, muy resbaladizo y muy relevante políticamente en nuestra sociedad.

– ¿El terrorismo está aún muy presente?

– ETA no existe. Por fortuna, ése es un hecho incontestable. Pero los efectos de su acción continúan porque hay todavía víctimas. También tengo claro que cuando la banda terrorista existía, no todo lo que se movía en su entorno era ETA. Y, por tanto, mucho menos ahora Bildu es ETA, ni tampoco lo es Sortu. Lo que ocurre es que a ese sector político se le está permitiendo, tanto social como políticamente, su normalización sin obligarles a enfrentarse a su pasado y a sus responsabilidades.

Cesión del ‘Guernica’

– Después de lo ocurrido esta semana, ¿se atreve a decir si hay agua en la piscina de la reforma del Estatuto?

– Desde la perspectiva de integración política de la comunidad, una reforma del Estatuto solo tendría sentido si incluye a PNV, EH Bildu y PSE. El problema es que hoy por hoy eso parece imposible. Bildu todavía no ha hecho el recorrido necesario como para poder introducirse en un pacto a tres.

– Como catedrático de Derecho Constitucional, ¿qué siente cuando oye eso de ‘prioridad nacional’?

– Los populismos, sean de izquierdas o de derechas, juegan mucho a lo simbólico, a lo terminológico. Pero luego hay que ver qué recorrido legal y qué recorrido posible tiene lo que proponen. Hay derechos que son constitucionalmente de las personas y muy pocos que sean de los ciudadanos, de los españoles; fundamentalmente, los de participación política. La Constitución dice ‘toda persona’ y en unos pocos casos dice ‘los españoles’. Por tanto, hay derechos que son de todos los que tengan residencia en este país, tengan nacionalidad o no. Habrá que ver qué recovecos intentan buscar y qué control hay por parte de los tribunales, pero espero que tenga un escaso recorrido fáctico.

– ¿Le preocupan estos ‘ramalazos’?

– La experiencia que tenemos con partidos de características populistas es que esas propuestas duran lo que duran. Dependerá de cómo sea la coyuntura política, de si entramos en una crisis económica bestial, de las locuras de Estados Unidos… En los años 30 ya hubo una coyuntura en Europa que facilitó un entorno favorable a esos populismos. Pero si eso no ocurre, estos excesos verbales tienen un recorrido limitado. El sistema resiste.

– ¿Y si esos ‘excesos’ llegan desde un partido en teoría del propio sistema?

– La cuestión es si en el PP eso acaba calando. En la derecha europea, y en la española también, hay tentaciones en ese sentido.

– ¿Ve legítimo que el Gobierno vasco reclame la cesión temporal del ‘Guernica’?

– Creo que el lehendakari está haciendo algunas afirmaciones que yo considero, respetuosamente, meteduras de pata consecuencia de la inexperiencia o la precipitación. Decir que el traslado del ‘Guernica’ es una cuestión meramente política es mucho decir…

– Pero el ‘Guernica’ tiene un valor simbólico.

– Evidentemente, pero hay una cuestión más de fondo. Fue el Gobierno de la República el que se lo encargó a Picasso. Por tanto, la propiedad es del Gobierno español. Y resulta que el propio lehendakari le pide al Gobierno español que pida perdón por el bombardeo de Gernika. Hay algo ahí que me chirría. O este Gobierno no es heredero de la responsabilidad o se está jugando con dos barajas.