Juan Soto Ivars-ABC

  • Harán maldades los de la derecha. Así de simple. Y habrá que protestar en la calle. Contra las cosas malas, claro, aunque todavía no sabemos cuáles. Mucha gente va a votar al PSOE para que no las sepamos

Dijo Óscar Puente, ministro de Twitter, micrófono en el belfo: «Hay una oportunidad el 29N para parar el fascismo […] La mejor manera de parar el fascismo es votar, votar el 29N y así nos evitamos las pesadillas. Nos evitaremos cuatro años de tener que salir a la calle a protestar por las muchas cosas malas que sin duda van a sucederle a nuestro país si llegan al gobierno. Es mejor salir un día y meter la papeleta que tener que estar saliendo un día tras otro durante cuatro años».

Es decir, lo ha dicho. Si pierden, arderán las calles. En lo otro ha sido más inespecífico. No habló en concreto de las mujeres amarradas a la pata de la mesa, ni de los gais apelotonados en los armarios, ni de las centurias negras. No se explayó con las fantasías morbosas en las que Feijóo se convierte en plutonio y Abascal en uranio, sino que fue parco: cosas malas. Harán maldades los de la derecha. Así de simple. Y habrá que protestar en la calle. Contra las cosas malas, claro, aunque todavía no sabemos cuáles. Mucha gente va a votar al PSOE para que no las sepamos. Anda, que como en vez de malas sean regulares…

Lo mismo cuando gobierne la derecha sube mucho el precio de la vivienda, hasta convertirse en el problema número uno para los españoles. Hasta convertir los muros de las casas en muros contra los que buscan casa. Lo mismo la derecha y la ultraderecha levantan un muro y criminalizan a los que están fuera. Lo mismo atacan a los jueces que investigan sus corruptelas. Cosas malas. Lo mismo el número dos del partido termina en la cárcel por corrupción, y el siguiente número dos que ponen también acaba preso, y ya no ponen otro número dos, porque preseleccionan a uno, pero sus compañeras lo acusan de pulpo. Cosas malignas. Lo mismo montan una cloaca para difamar a los jueces y los guardias civiles que andan tras la pista de sus fechorías. Lo mismo son capaces de hablar con clanes de la droga para que una jueza desaparezca. Cosas malévolas. Lo mismo no presentan presupuestos y tiran a deuda sin control. Lo mismo los trenes de alta velocidad se vuelven tartanas y la puntualidad es lo único que se mueve rápido, de una hora a la siguiente. Cosas pésimas. Lo mismo hay accidentes. Lo mismo hay una dana y el Gobierno dice que, si quieren ayuda, que la pidan. Lo mismo siguen matando mujeres los maridos. Lo mismo te entran en Ceuta más cabezas de las que hay en la ciudad, y no los sacan de ahí, y dicen «España va bien». Acordaos de Aznar: malísimas cosas, guerras, muerte, chapapote. Lo mismo se estancan los salarios y se hiela la productividad empresarial. Habrá que ir a manifestarse.

Qué coño, manifestarse. Habrá que quemar el país. Tirar cosas a la Policía represiva. Ir con antorchas por la noche. Hacer que el miedo cambie de bando y rodear la cámara de los representantes. Habrá que volver la vida invivible, no vaya alguno a pensar que se vive mejor que cuando gobernaba el PSOE. Y nos quejaremos de todo lo que hemos estado ocho años sin quejarnos, hasta que han abierto la veda los sindicatos. Volverán la pobreza energética y los programas de ‘Salvados’. Y habrá que decirle al vecino viejo del 4ºB «no pasarán» cuando trate de montar en el ascensor, porque es lector de ABC y se pasea por la calle Petunias con ese engendro bajo el brazo. Habrá que fastidiar las comidas familiares y poner cara de ricino a todo quisqui.

Somos muy valientes y saldremos a la calle, ministro. Lo que tú nos digas. Ahora, que el tema de la valentía hay que cogerlo con pinzas, porque no sé si da más vergüenza tenerle miedo a Feijóo o tenerle miedo a Abascal. Es como tenerle miedo a una acelga y un sinfonier. Para que parezcan amenazantes hay que atribuirles la maldad en cada partícula. Proyectar sus sombras en la pared hasta que parezcan Adolfo y Benito. Y si dicen que el feminismo ha ido muy lejos, acusarlos de querer matar a todas las mujeres con sus propias manos. Y si dicen que hay que controlar la inmigración, gritar que quieren salir con sogas a perseguir a los negros por Lavapiés. Y si dicen que el sistema de pensiones está roto, sacudir por los hombros a los jubilados hasta que se les caiga al suelo la dentadura postiza, jurando que van a quitarles la paga. Y si dicen que lo mismo estamos pagando demasiados impuestos, quemar escuelas públicas y, por qué no, también hospitales, para subrayar el efecto asegurado de sus medidas de alivio fiscal.

Que nada de lo que diga alguien a la derecha del PSOE quede sin desfigurar. Así, cuando gobiernen y no pase gran cosa, podremos salir a la calle a clamar contra una figuración, contra un discurso, con un pretexto. Con un poco de suerte, tal vez la calle acabe logrando que la derecha española sea tan ultra como se dice. «Apreteu, apreteu», a ver si a fuerza de llamarlos cabestros hay alguno que embiste. Si acusaron a Mariano Rajoy de ser como Franco, entonces son capaces de ver monstruos prodigiosos hasta en las nutrias. Y sirenas en los boquerones. Y dragones en las salamandras.