RICARDO F. COLMENERO-EL MUNDO

CUANDO parecía que España iba a romperse por Cataluña, resulta que ha empezado a romperse por el Congreso de los Diputados. De aquí a una reforma constitucional, que pase del café para todos a la independencia para todos, hay un paso. La misión del Estado de las autonomías ha acabado siendo la misma que la de las misiones del inspector Gadget, que se autodestruían en cinco segundos. La España vacía resulta que estaba llena de diputados.

Era previsible que las autonomías, qué digo autonomías, las provincias, le cogieran el truco a los catalanes y a los vascos. La democracia se basa en la falacia de que la mayoría tiene la razón, y no solo a veces no la tiene sino que se la da en exclusividad a quien puede ser llave de gobierno.

Podríamos echarle la culpa a los nacionalismos, pero en realidad es de todos los partidos. Y lo digo yo, que fui escolarizado en la Galicia de Fraga, quien me trajo la inmersión lingüística, como Matas a Baleares. El arco parlamentario de Fraga era tan amplio que iba adoptando las propuestas nacionalistas antes de que se le ocurrieran a los nacionalistas, pero especialmente a los gallegos. Las autonomías empezaban a inventarse su propio futuro. Las más ambiciosas hasta su propio pasado.

A partir de ahí el modelo fue el mismo para todos. Nacionalistas y no nacionalistas se presentaban cada cuatro años en un atril prometiendo más autogobierno, más financiación, y una mejor defensa de sus derechos en Madrid, por supuesto históricamente pisoteados y maltratados. Desde 1996, Baleares le fue dando el gobierno alternativamente al PP y al PSOE. Aquello solo sirvió para comprobar que, una vez en la oposición, plagiaban sus notas de prensa para denunciar el problema endémico que no solucionaba el otro, que además no pinta nada en Madrid, porque están sedados por la disciplina de voto.

Ya que el Senado prácticamente no existe, y Teruel sí, como Cantabria, o Canarias, o Galicia, o Cataluña o el País Vasco, hemos empezado a senadizar el Congreso de los Diputados. Cada español podría acabar necesitando un partido que le gobierne solo a él. Teruel quiere un hospital y un tren, Cantabria también, y de hecho ya lo tendrían de haber sido claves en algún momento para la formación de un Gobierno en Madrid. El problema surge precisamente cuando ya tienes el tren, porque el cuerpo te pide cortar las vías con barricadas.