Enrique Portocarrero-El Correo

Pedir rigor y veracidad a TVE y a los beneficiarios de sus tertulias políticas externalizadas es algo tan ingenuo, sí, como solicitar al Vaticano la beatificación de Cerdán (se requiere un milagro) o la canonización conglomerada (se requieren dos o más milagros) de Ábalos y Koldo. Una simpleza candorosa mucho más evidente, por supuesto, en un periodo electoral en el que los esforzados subcontratistas se juegan las alubias del futuro, no vaya a ser que el resultado de los comicios los desahucie de sus nóminas blindadas hasta marzo de 2027. Eso sí, el Consejo de Informativos de TVE tiene razón de nuevo al afear el uso indecoroso que ‘Mañaneros 360’ hace del «plano perrito», una ficción visual grandilocuente en la que aparecen numerosas ventanas con informadores que ni están en el directo, ni se les espera.

Pero en TVE ya importan poco las quejas y los reproches, a los que se responde sistemáticamente con trampas, argucias e insultos. Que Hacienda reclama al Ente Público 941 millones por el IVA no pagado, pues entonces el gobierno se saca de la chistera y por la vía de urgencia un decreto-ley rechazado previamente en el Congreso que convierte la cantidad adeudada en un coste más del servicio público, cuya factura pagará el ejecutivo. Que en sede parlamentaria o en el seno del Ente Público se quejan de la perdida de pluralismo o de la desfachatez en los ataques a la independencia profesional de sus trabajadores de los informativos, pues entonces comparece el presidente de RTVE y echa mano de su acendrada dialéctica política para decir que todo es desinformación e ideología facciosa.

Además, entendamos en todo caso que Cintora y Ruiz desean pasar a la posteridad como los Johnny Carson o los Walter Conkrite de una memorable era ‘sanchista’ en la televisión pública, aunque de momento la credibilidad y la neutralidad informativa sean para ellos como asignaturas ‘hueso’ que no aprueban por una extraña combinación de razones ideológicas, metodológicas y psicológicas.