Un confort

EL MUNDO – 02/05/15 – ARCADI ESPADA

· La última novedad de la política low cost que triunfa en España. Socialistas, ciudadanos y populistas advierten con un puntito de orgullo que solo entrarán en gobiernos que presidan. No he oído aún a nadie del PP diciendo lo mismo, pero no puede tardar: al PP le cuesta moverse pero siempre acaba haciéndolo en la pésima dirección que le marca el ambiente.

Lo primero a decir sobre la novedad es que resulta gratuita en los gobiernos locales. La ley electoral prevé que, a falta de mayorías disponibles, acabe de alcalde el cabeza de la lista más votada. La gentileza democrática que supone facilitar gobierno no tiene sentido municipal. Después de su proclamación los alcaldes o los presidentes de comunidad habrán de tomar sus decisiones, y entre ellas la principal, que son los presupuestos. Cualquier gobernante en minoría deberá asegurarse entonces una mayoría. Y es ahí donde los displicentes buscan su zona de confort: instruir desde fuera sobre lo que deben hacer los de dentro. Respecto a los intereses partidistas puede ser una decisión ideal: al tiempo gobernar y oponerse, y otorgar apoyo o negarlo en razón de las fluctuaciones de la actualidad.

Pero desde los intereses del buen gobierno es una decisión lamentable. Las coaliciones tienen alguna ventaja sobre los gobiernos homogéneos, y la más importante que el gobierno se evalúa y se vigila a sí mismo con mayor eficacia. Las coaliciones imponen también la costumbre de la discusión y el pacto y aumentan el ancho de banda de las opciones para resolver los conflictos. Pero la coalición vergonzante no aporta nada de ello: solo réplicas más o menos creativas del chantaje político. Hay dos buenos ejemplos catalanes de lo que digo. La coalición entre socialistas y comunistas en Barcelona, que dio décadas de gobierno ilustrado y competente a la ciudad.

El contraejemplo es el opaco trueque que las minorías catalana y vasca fueron practicando con los diversos gobiernos del Estado cuando estos no alcanzaron la mayoría absoluta. Lo que se dilucida, como tantas otras veces, es un áspero problema de responsabilidad individual y colectiva: el concepto de responsabilidad no está en el mainstream. Hay también, aunque quede limitada a los partidos emergentes, una evidencia cuantitativa: la escasez de cuadros medios que permitan soportar gobiernos.

Gobernar, ciertamente, es una cuestión embarazosa. Se opone radicalmente a la inmaculada concepción de la política.