Sánchez ha vuelto a hacerlo. Un ‘Aló’ más en que se nos aparece en la tele como un orador de baratillo, con logorrea de vendebragas que no pierde ocasión de hacer su propaganda, tal como pregonaba su socio principal antes de que lo ungiera vicepresidente, “entre educación y propaganda, propaganda, sin duda”. Teniendo en cuenta que la Educación es asunto que mangonean entre Isabel Celaá y el catatónico Castells comprenderán que viene a ser lo mismo.

Recordarán la minuciosidad impresionante con que había descrito los plazos de vacunación. Esta semana volvió a repetir cifras y plazos. Por resumir: para finales de agosto estarán vacunados 33 millones de personas. Pero a él no le exijan concordancia. Ayer, al tiempo que tal decía se jactó de que estamos vacunando a medio millón de personas al día. Vamos a ver corazón, que a ti la tesis en Economía parece que te la plagiaron por letras. Vacunar a 33 millones a ese ritmo lleva 66 días. O sea, que para el 19 de junio estaríamos vacunados los 33 millones (y millonas, claro).

Estuvo inmenso al recordar que hemos recibido dos golpes extraordinarios: la peor recesión económica en 80 años y la peor pandemia del siglo. No hay que apurarse, él tiene un plan, el plan más ambicioso y más trascendental de la reciente historia económica de España, que es al mismo tiempo su mayor oportunidad desde la entrada en la UE. Impresionante. Llevamos 140.000 fallecidos por la pandemia y la crisis se ha llevado por delante 207.000 empresas y 323.000 autónomos y este inútil considera que estamos en un momento grandioso para labrar nuestro futuro.

Porque el doctor Fraude mostró su entusiasmo por el factor que nos iba a permitir transformar la pandemia en oportunidad de progreso, el gran Plan Marshall que nos iba a permitir acceder al país que queremos para las próximas décadas. Gracias, naturalmente, a los 140.000 millones que esperamos de Europa como el pueblo elegido esperaba el maná del cielo en su travesía del desierto. No dice el cuándo ni el cómo y ambos serían detalles interesantes habida cuenta de la renuencia de este tío a la concreción. ¿Cuándo? La respuesta está entre las seis primeras respuestas del lobo a las preguntas que se le hacían en la revista ‘Hermano Lobo’: “UUUUUUUUU” y la última: “el año que viene, si Dios quiere”.

Baste recordar que no se han cumplido aún once meses desde el día que prometió 200.000 millones de euros. Ya entonces hizo dos aseveraciones que repitió ayer: que se trataba  de “la mayor movilización de recursos de la historia de nuestra democracia” y que “no vamos a dejar a nadie atrás”.

Para llegar a este conjunto vacío, los periodistas tuvieron que pasar el filtro de Oliver: Solo acceden a La Moncloa los 15 primeros en hacer la petición, pero el secretario de Estado abre el plazo cinco minutos antes para los que quiere acreditar. Ayer solo permitió cuatro preguntas y nadie quiso saber por qué Don Simón le desautorizó sobre el falseamiento de los datos que él mismo había atribuido a la Comunidad de Madrid y desmintió las cifras de muertos que había dado Gabilondo. Sin embargo, los hechos volvieron a pillarlo a contrapié. La última en preguntar puso en cuestión su lío de las vacunas, al recordarle que no íbamos a tener vacunas Janssen por decisión de EEUU. Confesó que no sabía.