Juan Pablo Colmenarejo-ABC

  • Las empresas que no tienen el teléfono móvil de Iván Redondo o hilo directo con el gabinete económico del presidente se resignan

Van los pequeños y medianos empresarios como pollos sin cabeza buscando la ventanilla donde presentar la solicitud. 140.000 millones de euros a repartir. Hormigón para los fundamentales de la economía española, rehaciendo e innovando a la vez. Otra vez reaparece la lista de los deberes que España no va a cumplir. Paro con ERE o ERTE, liderazgo UE en desempleo juvenil, pensiones pagadas a crédito, déficit de hoy -deuda de mañana- en ebullición, folclore legislativo autonómico disgregador de la unidad de mercado y también (¡albricias!) la independencia de los jueces. El ‘fangote de guita’, atinada expresión metafórica del economista e historiador Pedro Fraile, debe llegar a cambio de un elenco de reformas que el Gobierno de Sánchez enuncia con desdén

-como si fuera un hilo de Twitter- en el documento enviado a Bruselas. En Vox todavía no se explican cómo salvaron a Sánchez de una derrota parlamentaria dándole el control absoluto del dineral. Apoyaron un decreto que puso los pelos como escarpias a sus destinatarios en la Comisión Europea. Antes de votar hay que leerse los papeles para encontrar hasta las faltas de ortografía.

Las empresas que no tienen el teléfono móvil de Iván Redondo o hilo directo con el gabinete económico del presidente se resignan. Leen palabras bonitas y líquidas en el documento (se escribe ‘tocomocho’, según María Jesús Pérez, ABC) que el Gobierno de España ha enviado para que nos suelten la tela sanadora. De reojo miran con melancolía cómo en Italia su primer ministro, Mario Draghi, se atreve a darle la vuelta al país, en dos años, pensando en las generaciones futuras. Los que sufren pagando la nómina cada mes, a pesar de todo, cuentan cómo empiezan a tener más carga de trabajo fuera de España que dentro, demostrando que no somos tan malos: «Qué buen vasallo si tuviera un buen señor». Otra vez como en la crisis del euro, vamos en el último furgón, con un pie en el pescante y el resto al aire. El Gobierno se agarra al turismo vacunado como la tabla de salvación para vender recuperación, transformación y resiliencia. Sánchez planea hoy ganar más tiempo. Sabe que después de mañana será su urgencia.