Artur Mas amplía la fractura social

ABC 15/07/15
EDITORIAL

· Mas quiere imponer con métodos falsamente democráticos una ruptura que la inmensa mayoría de los españoles no quiere

AArtur Mas no le ha bastado con abocar a los catalanes a legislaturas efímeras y a un proyecto secesionista inasumible como forma de eludir su responsabilidad con la recuperación económica y anímica de Cataluña. El presidente de la Generalitat ha llevado su fracaso identitario hasta el extremo de romper la coalición con UDC tras 37 años de convivencia, y ahora entrega todo su patrimonio político a ERC para culminar su desafío con una declaración unilateral de independencia que, objetivamente, nunca podrá producirse ni ser efectiva. El acuerdo alcanzado entre Mas y Oriol Junqueras para conformar una misma lista electoral junto con entidades sociales radicalmente soberanistas es una fórmula extravagante para maquillar el varapalo que las urnas vienen dando a Convergencia desde hace cuatro años, y la excusa para mantenerse al frente de su partido al precio que sea, incluso sacrificando sus propias siglas por un proyecto que el Estado nunca podrá consentir.

Mas quiere copar el Parlamento catalán con escaños soberanistas basándose en una manipulación de la historia y en los criterios más irracionales del totalitarismo separatista. Y pretende hacerlo, por ejemplo, olvidando el reciente sondeo del «CIS catalán», cuya principal conclusión es que el 52 por ciento de sus ciudadanos se opone a la ruptura con España. Pero, sobre todo, despreciando la representación que tiene de todos los catalanes, no solo de los nacionalistas, y obviando su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución. Mas no quiere negociar. Quiere imponer con métodos falsamente democráticos una ruptura que la inmensa mayoría de los españoles no desea por historia, por cultura y porque la vinculación emocional y afectiva de Cataluña como parte esencial de España no debe estar en discusión.

La lista única secesionista es un instrumento manipulado para simular una falsa homogeneidad de ambición separatista y aumentar la división política y la fractura social. Mas y Junqueras son conscientes de que el sentimiento rupturista no es masivo, ni siquiera mayoritario. Por eso utilizan a la parte más combativa del soberanismo civil como coartada para deformar la pluralidad real que existe en la sociedad catalana. Y por eso hoy es aún más necesario que se escuche sin complejos y con valentía la voz de los partidos constitucionalistas, y de quienes preservan la unidad de España en una atmósfera que Mas ha viciado con su hostilidad. Haría bien el PSC en dejar de jugar sus bazas electorales poniendo en entredicho el significado de la nación española, o elucubrando con que España es un Estado plurinacional cuya dolencia se cura con una reforma federal de la Constitución. El órdago es tan serio, tan ofensivo para la diversidad ideológica y sentimental que realmente existe en Cataluña, que ningún partido con vocación nacional puede dar lugar a una sola duda en su defensa de España.