“ETA fabricaba las bombas ‘prêt à porter’ en Francia porque aquí no las sabían hacer”

EL CORREO, 30/4/12

Sostiene en su nuevo libro que la banda precipitó su final por reclutar a jóvenes inexpertos en la cantera de la kale borroka

Florencio Domínguez Iribarren profundiza en las claves que han propiciado el final del terrorismo en su nuevo libro, ‘La agonía de ETA’. Experto en temas vinculados a la banda y columnista de EL CORREO, sostiene que el desenlace podía haber sido otro mucho más «terrible», si los terroristas hubieran consumado su plan de atentar contra Aznar con un misil antiaéreo hace diez años.

LA PUBLICACIÓN
Título. ‘La agonía de ETA’. Una investigación inédita sobre los últimos días de la banda.
Editorial. La esfera de los libros. Está ya disponible en las librerías.

– La capacidad operativa de ETA parece muy mermada, según Interior. ¿Se está desarmando?

– No, desarmada no. Está debilitada. Como mínimo, si no lo ha incrementado, dispone de todo el arsenal que tenía durante el último año. De todas las armas que robó en octubre de 2006 en Francia no se habrán recuperado ni la mitad. Y robaron 250 pistolas y revólveres.

SUS FRASES
ARMAMENTO
«La banda intentó hasta en tres ocasiones derribar con un misil el avión del presidente Aznar»
INFILTRADOS
«La seguridad desemboca en una obsesión y el miedo a los ‘topos’ acaba paralizando a ETA»
VIDA EN LA CLANDESTINIDAD
«Hay quejas a la dirección por romper parejas de activistas al mandarlas a comandos distintos»

– En su libro, recuerda que el IRA vendió dos misiles a ETA cuando negociaba con el Gobierno británico su desaparición.

– Lo curioso del IRA es que los compró cuando estaba negociando con las autoridades británicas, que interpretaron esa maniobra como un intento de presión. Pero esos misiles, que procedían del Este, estaban deteriorados en origen de manera intencionada. Lo que no se pudo confirmar es si el deterioro fue obra de los servicios de inteligencia británicos o rusos. Tras el acuerdo de paz de Irlanda del Norte, el IRA vendió los dos misiles a ETA, sin saber que estaban estropeados.

– ¿El curso de los acontecimientos podría haber cambiado bruscamente de haber utilizado ETA esos misiles antiaéreos?

– Se produjeron tres intentos de derribar el avión del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, en los primeros meses de 2001. Uno en Foronda, desde un pueblo cercano; otro en Loiu; y el tercero parece que en Hondarribia. Hubiera sido un golpe terrible. No sólo por la muerte del presidente, sino por la amenaza que supondría para la seguridad del espacio aéreo. Además, daría a ETA una capacidad de presión como nunca había tenido.

– Históricamente, la banda se ha rearmado en el Este. Comenta que ETA político-militar compró armas detrás del Telón de Acero con la ayuda de Ilich Ramírez, conocido como ‘El Chacal’ o ‘Carlos’.

– Los ‘polimilis’ recibieron armas a partir de 1981 por sus relaciones con ‘Carlos’. Algunas partidas se las proporciona la STASI (el servicio alemán de inteligencia de la antigua RDA) y también desde Rumanía.

La reinserción

– ‘El Chacal’ reveló en su último juicio, en 2011 en París, que uno de sus enlaces en los ‘polimilis’ era Luc Edgar Groven, alias ‘Lucas’. Este hombre, natural de Bélgica y fallecido el año pasado, trabajó en su última etapa como jefe de prensa del Consorcio de Aguas Bilbao-Bizkaia, en una responsabilidad en la que destacó por su profesionalidad, trato afable y absoluta discreción sobre su pasado. ¿Un militante de ETA tenía entonces menos problemas para reinsertarse que ahora?

– Él se reinsertó en su día y lo hizo a conciencia, manteniendo una actitud crítica hacia su pasado como miembro de ETA-PM, donde tuvo un papel clave en las conexiones con ‘El Chacal’. Entonces, los desmarques con la violencia también eran públicos. Hay que recordar las fotografías de las ruedas de prensa de ETA-PM y de sus viajes, yendo en tren a Madrid para presentarse ante los tribunales. Ellos sí asumieron la renuncia a la violencia de manera individual. Quienes tenían causas pendientes se pusieron a disposición de la Audiencia Nacional. Fueron juzgados y, en su caso, condenados. Pero, por esa separación del terrorismo, el Gobierno les aplicaba indultos. Ese proceso de los ‘polimilis’ afecta negativamente a la ETA actual, que no quiere comparaciones con aquellos ‘arrepentidos’. De todas formas, la sociedad ha cambiado y ahora es más difícil aplicar esa misma generosidad.

– Con sus miembros en la clandestinidad, ¿cómo es la vida hoy de un activista de ETA? Dice que son muy dados a «la paranoia».

– La cuestión de la seguridad es fundamental en una organización clandestina. Eso desemboca en obsesiones. El miedo a la infiltración les acaba paralizando. Cuando ETA se da cuenta de su crisis, a partir de 2002, trata de blindarse. Para ir a una cita hay que establecer un circuito de seguridad y contravigilancias. Eso le obliga a hacer tal cantidad de burocracia que le deja sin personal para los atentados.

– Cuenta que la dirección llegó a elaborar listas negras con los nombres de posibles ‘satorrak’ (topos).

– Que los ha habido, es evidente. Pero a lo mejor no había tantos. Los suficientes para contribuir a la eficacia de las fuerzas de seguridad y los suficientes para incentivar la obsesión y la búsqueda de traidores en el seno de ETA.

– Tras el cese del chantaje, ¿cómo se financian los activistas?

– Renunciaron a la extorsión hace más de un año. La documentación intervenida a Mikel Antza revelaba que el presupuesto anual de ETA rondaba los dos millones de euros. Eso era en 2004.

– ¿Cuántos integrantes tenía entonces ETA?

– A finales de 2002 eran 517 en libertad y 514 en prisión. Cuatro años más tarde, según la documentación de ‘Thierry’, la banda funcionaba con medio millón de euros, sin compras de armamento. Ahora ronda el medio centenar de militantes. En su presupuesto dividen los gastos en tres apartados: para vivir, transporte y casa. Por seguridad, se ven obligados a practicar el corte, el salto. Cada cierto tiempo cambian. Dejan la casa, queman el coche y compran uno nuevo. ¿Si hoy ETA tiene ahorros e inversiones no detectadas? En su día se investigó en Suiza, aunque sin resultados.

– ¿Los etarras pueden conciliar una vida sentimental, familiar, en la clandestinidad? En el libro recuerda que la dirección decidió separar a las parejas con hijos porque era un riesgo para la seguridad, tras el arresto de la pareja formada por Mikel Albisu, ‘Antza’, y Soledad Iparragirre, ‘Anboto’.

– Una organización terrorista está compuesta sobre todo por gente joven, al menos en los escalones más bajos. Ahí no suele haber cargas familiares; como mucho relaciones de pareja o noviazgos. En los años setenta y ochenta, los dirigentes vivían con sus familias en Francia, a la vista. Hoy, a cuenta de los sucesivos desmantelamientos de las cúpulas, los jefes son jóvenes. Hay cartas en las que miembros de ETA se lamentan de que la dirección haya mandado a los dos integrantes de la pareja a comandos distintos o a estructuras separadas.

En la prehistoria

– En un capítulo habla de cómo ETA reinterpreta la historia del País Vasco de forma peculiar.

– No se sabe quién es el ideólogo. Se trata de un conjunto de material de formación, intervenido en 2004, que incluye una explicación tan singular como que «la historia de Euskal Herria es la prehistoria».

– La banda confiesa su rechazo a los avances de Roma porque, «al construir calzadas, rompía el aislamiento de Euskal Herria». ¿Han vuelto a emplear los terroristas ese argumento para atacar el TAV?

– Para atacar la autovía de Leizaran.

– En su opinión, el declive de ETA se produce por una combinación de factores: «ETA y su entorno minusvaloraron la capacidad del Estado, se equivocaron en su diagnóstico sobre las instituciones europeas y fueron abandonados por la sociedad vasca».

– Hay una actuación policial que contiene la ofensiva de ETA salida de la tregua de 1999. ETA pierde la iniciativa, pero espera remontar. Sin embargo, comete un error organizativo al centrar el reclutamiento en gente procedente de la violencia callejera. La renovación masiva en las canteras de la kale borroka ha sido contraproducente para ETA. Eran jóvenes sin preparación. Presumiblemente, se convirtió además en una vía de infiltración policial. El nivel terrorista se devaluó hasta el punto de tener que realizar servicios centralizados de fabricación de bombas para enviar artefactos ‘prêt à porter’. Muchos comandos no sabían fabricar bombas. Por tanto, había que hacerlas en Francia y enviarlas aquí sólo con la indicación de cuál es el botón de ‘on-off’.

EL CORREO, 30/4/12