Blog de Santiago González

El sábado pasado se produjo en Bilbao un acontecimiento pequeño, pero revelador: la ‘Asociación Esteban de Garibay había organizado una mesa redonda en la Sociedad Bilbaína para tratar el asunto ‘¿Hemos terminado con ETA?’. Los participantes eran: Joseba Arregi, el consejero Enrique López y el coronel Manuel Sánchez Corbí, capitán de la Guardia Civil aquel 1 de julio de 1997 en el que descubrió el zulo donde ETA tuvo encerrado a Ortega Lara. También fue el hombre que capturó al ‘Chicle’ y es autor del libro ‘Sangre, sudor y paz: la Guardia Civil contra ETA’. 
 
Naturalmente, Marlaska lo destituyó como jefe de la UCO antes de cumplir dos meses como ministro del Interior. El título de la mesa redonda lo explicaba la convocatoria de Gestoras Pro Amnistía al convocar a su morrralla a un escrache a las puertas de la Bilbaína. Sobre las fotos de López, Sánchez Corbí y Arregi, la convocatoria decía en euskera: “Frente al fascismo y los torturadores. Fuera de aquí”. La Bilbaína llamó al presidente de la asociación, Carlos Urquijo, para anular la reserva por razones de seguridad. Como consecuencia adicional, el interviniente Sánchez Corbí explicó que dada su condición de coronel en activo de la Guardia Civil, prefería cancelar su participación en la mesa redonda. Antes, el Ministerio de Defensa le había recomendado que no asistiese a tal acto. 
 
Normal. Si se tratara del condenado Arnaldo Otegi, habría sido entrevistado en prime time  en la Televisión Pública. Zapatero ha vuelto a insistir en su viejo mantra de que Otegi es un hombre de paz:  “Fue decisiva su contribución para que pudiéramos ver el final de la violencia, esto es así, es un hecho objetivo”. Ver el final de la violencia es una perífrasis que gusta mucho al segundo peor gobernante que ha tenido España, pero se equivoca como en casi todo.  El abogado de las causas terroristas, Txema Montero, un conocedor, declaró en una entrevista en el diario nacionalista ‘Deia’: “ETA ha sido derrotada por la Guardia Civil”. Sobre la capacidad de Zapatero para la diagnosis basten dos detalles: la víspera del atentado en el que ETA arrasó el aparcamiento de la T-4, anunció en rueda de prensa: “estamos mejor que hace un año, y tengo la convicción de que de aquí a un año estaremos aún mejor”. Y no solo respecto al terrorismo. Le preguntaba el periodista Ramírez  en 2006 sobre el riesgo de ruptura de Cataluña una década después y él respondió:  “Dentro de 10 años España será más fuerte, Cataluña estará más integrada y usted y yo lo viviremos”. 
 
La mesa redonda se celebró finalmente en un hotel, pero la sociedad vasca, y por contagio la española, están contaminadas de esta infección moral que muestra la Sociedad Bilbaína. ¿Hemos terminado con ETA? Es evidente que no. La Guardia Civil hizo su trabajo, como admite el abogado Montero, pero el legado de la banda perdura. Y el miedo. Las Gestoras Pro Amnistía imponen los límites de la libertad de expresión. El PSOE negocia Navarra con EH Bildu  y blanquea al terrorista Otegi, mientras boicotea al coronel Sánchez Corbí, no sin razón: él rescató a Ortega Lara, ¡que es de Vox!, del poder de ETA.  El PNV ha negociado con los batasunos un Estatuto que incluye el derecho a decidir. El partido guía se quejaba de que la violencia les impedía llegar a su programa máximo. Cuando ETA dejó de matar consideraron que había llegado el momento. Sin romper con su pasado, sin condenar uno solo de sus 857 asesinatos. Joseba Arregi volvió a explicarlo el sábado con impecable razonar: Ibarretxe trató de aplacarles con su plan. Cuando le hicieron ver el despropósito cambió a “tenemos que gobernar como si ETA no existiera”, traducido por Arregi al román paladino: tenemos que gobernar como si ETA no hubiera existido”. En eso están