Una de las cuestiones que debemos plantearnos con más seriedad al llegar a la edad adulta, seamos hombres o mujeres, es cómo hemos podido vivir tantos años sin Irene Montero. Es un asunto que seguramente Pablo Iglesias se plantea al revés: cómo ha podido estar tanto tiempo con ella. Y sin embargo, eran una pareja hecha a la medida, tal para cual. Ambos llevaban en el pecado la penitencia, las cosas como son.

Irene Montero nos descubre cada día un Mediterráneo. Un suponer, la brecha salarial, que ya había cerrado Yolanda Díaz el 13 de octubre de 2020: “A partir de hoy se acabó que un hombre y una mujer puedan cobrar retribuciones diferentes”, dijo la mujer en una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Yolanda no tenía noticia de que 40 años antes, un ministro de Trabajo de UCD, llamado Rafael Calvo Ortega, había hecho aprobar una Ley 8/1980 de 10 de marzo, Estatuto de los Trabajadores, en cuyo artículo 17 se recogía la ilegalidad “de las discriminaciones en el empleo, así como en materia de retribuciones, jornadas y demás condiciones de trabajo, por circunstancias de sexo, origen, estado civil, raza, condición social, ideas religiosas o políticas, adhesión o no a sindicatos y a sus acuerdos…” Habida cuenta de las malas relaciones entre la ministra de Trabajo y la de Igualdad, es comprensible que ésta no dé por satisfecho un derecho de las mujeres que se jacta de haber conquistado Yolanda Díaz.

Ahora toca la regla y se ha empeñado en acordar con el PSOE que las bajas por menstruaciones dolorosas sean remuneradas al 100% por el Estado. La ministra quiere “acabar con el estigma, la vergüenza y el silencio en torno a la regla”. Pero qué estigma, qué vergüenza, qué silencio. “Vamos a reconocer por ley el derecho de las mujeres con menstruaciones dolorosas a una incapacidad temporal”. Vamos a ver, la incapacidad de la ministra de Igualdad es algo más que temporal y no tiene que ver con reglas dolorosas ni con otros asuntos del endometrio.

No hay que asombrarse de la marcha de las cosas. Nadia Calviño, que tiene algo más de conocimiento que la ex novia del vicepresidente segundo, opinaba que “no vamos a tomar medidas que estigmaticen a las mujeres”. Hacer de algo tan natural como la regla un factor inhabilitante, dónde se ha visto. Claro que hay reglas dolorosas que pueden llegar a ser incapacitantes, pero el martes que el PSOE se la envainará una vez más ante Podemos y las bajas aumentarán exponencialmente. ¿Creen ustedes que habrá un solo médico que ponga la menor pega para extender la baja? Yo no lo creo.

Las bajas por reglas dolorosas iban a suponer una cierta dificultad para la contratación de mujeres y esto era un factor a tener en cuenta para el sector menos embrutecido del Gobierno, pero han llegado a un acuerdo básico: aliviar al empresario del coste de la baja. Lo pagará el Estado, porque al fin y al cabo, como dijo Carmen Calvo, estamos hablando de dinero público y el dinero público no es de nadie.

Ellos siempre hacen los cálculos con semejantes herramientas lógicas, un camino inexorable a la aporía: si las mujeres perciben salarios inferiores por el mismo trabajo que los hombres, ¿qué empresario querría contratar varones? Solo los muy heteropatriarcales, los muy viciosos del paro femenino. En fin, y así todo.