Ignacio Camacho-ABC

  • Procede preguntarse si hay datos para avalar una decisión que parece adoptada con criterio más político que sanitario

No es por meter miedo pero ahora que ya puedes circular sin mascarilla quizá te convendría pensar un momento si te fías más de Sánchez o de los médicos. Porque la mayoría de éstos insisten en que no hay aún evidencias suficientes para decretar abolido el riesgo, que en la práctica es lo que acaba de hacer el Gobierno. Están las vacunas, cierto, que al fin han alcanzado velocidad de crucero, pero la pauta completa, la doble dosis, sólo ha sido inyectada a un 34 por ciento. Y si bien la población más vulnerable, la de mayor edad, está protegida, la inmunidad de grupo o de rebaño queda relativamente lejos. Los epidemiólogos constatan que la incidencia del contagio sigue en

niveles medio-altos y temen que la variante Delta (antes llamada india) alcance una transmisión significativa en verano. Acaso pronto oigas hablar de la quinta ola, olita más bien, aunque de bajo impacto y por tanto sin peligro razonable de que los hospitales vuelvan a entrar en colapso. La pregunta que procede ante este panorama es la de si es posible avalar con datos una decisión que a simple vista parece adoptada con criterios más políticos que sanitarios.

Eso es lo que sugieren las palabras de Carolina Darias, cuando con esa afición gubernamental por las consignas proclama llegada la hora de «dejar paso a las sonrisas». La propaganda mal digerida conduce a estos pretenciosos alardes de cursilería. Se nota demasiado que nos quieren vender almíbar para endulzar el trago del perdón a los independentistas. Incluso, pensando bien, puede que hayan pretendido insuflar un poco de optimismo a la temporada turística. Sucede que la propia ministra no ha sido capaz de fundamentar su medida en una certidumbre científica. En ese aspecto sigue la tónica de todo el Ejecutivo desde que irrumpió la amenaza del virus. No hace falta que te recuerde, ¿verdad?, las mentiras de Simón, la cicatería en el cómputo de los fallecidos, el comité fantasma de expertos, los informes abstractos, el estado de alarma como coladero jurídico de órdenes arbitrarias y caprichos abusivos. Cálculos oportunistas, elusión de responsabilidades, embustes, encubrimientos, escapismo.

Y ahora se apuntan al discurso de la libertad, que han debido de aprender tardíamente de Ayuso. Qué casualidad, justo después de los indultos; esta vez ni siquiera se han molestado en un mínimo disimulo. Juzga por tu cuenta y quítate la dichosa mascarilla si te sientes seguro. Tú sabrás qué confianza te inspira la palabra del presidente que lleva tres años engañando a toda España. O la de los negacionistas de toda laya, o la de los trompeteros oficialistas que al principio de la pandemia aseguraban que no hacía falta cubrirse la cara. Pero si buscas consejo, que sea de alguien que tenga crédito y merezca respeto. Una pista: acuérdate por ejemplo de esos profesionales a los que aplaudías durante el confinamiento.